pena capital

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La editorial SND acaba de publicar mi ensayo filosófico-teológico de “Los porqués de la pena capital”, gracias a las gestiones del gran jurista don Ramiro Grau Morancho.

Tema comprometido, como todo lo que la teología católica aborda en su ciencia reveladora divina de obligado tratamiento, en el conjunto de las leyes justas, que posibiliten la realización de los planes divinos en el mundo, conducido a sus fines últimos y trascendentes.

La licitud de la pena capital, ejercida por la legítima autoridad contra asesinos, terroristas, secuestradores y enemigos públicos, no se funda en argumentos subjetivos, ni de libres opiniones: está revelaba en el Antiguo y el Nuevo Testamento, y avalada por Concilios Ecuménicos, desde el de Toledo, pasando por el IV de Letrán (1215), siendo Inocencio III la cumbre del Papado Medieval, además de Papas posteriores: San Pío V, Pío XU y Pío XII. Otra cosa es que el liberalismo actual, la esconda.

La filosofía ética, ya desde Sócrates (400 años antes de Cristo) viene en su defensa racionalmente demostrativa. Los tópicos y objeciones contra la misma son los de siempre, como sus correspondientes refutaciones de Fe y Razón.

Los sistemas liberales actuales, antropocéntricos y ateos, rechazan todo lo que sea autoridad contundente, por muy justa y necesaria que sea para el bien común; de ahí sus consecuencias degenerativas contra el orden público y la seguridad de los Estados. Sin esa pena, quedan más indefensos los inocentes, los Estados y las Instituciones.

Los cardos y las malezas destruyen las flores del jardín si nos empeñamos en no cortarlas. Las utopías, pasan facturas muy caras.

Poco poética es la recogida de basuras y no por eso es menos urgente y obligada. Seamos serios. Existe la diabólica malicia humana.

Las contradicciones vergonzosas y degenerativas de la moral pública y privada, nos llevan a ponernos de uñas contra una condena a horca de un asesino, por alimaña pública que sea en su sadismo desalmado, y por el contrario, no nos inmutamos ante el genocidio anual de ciento y pico mil abortos, que está suicidando nuestro futuro inmediato y convirtiendo esta cultísima, modernísima y democratísima sociedad occidental, en la ley de la selva del más fuerte…

Después se hacen manifestaciones contra la España despoblada y los pueblos abandonados, que aún respira gracias a las jubilaciones de la Seguridad Social, fundada por Franco, aquel gran profeta de lo hispano.

Ahora, acabaremos por no tener ni gente en los pueblos, ni jubilaciones por falta de nuevos vástagos que repongan tales fondos.

¿Hay quién entienda esta pedante e hipócrita sociedad de la libertad…?

El clima enrarecido, por no decir satánico, por el olor a azufre cada día más pestilente, evapora el sentido cristiano de la familia, del valor de la vida, de la rigurosa autoridad eclesiástica, en función también de lo civil y nos mece en el hedonismo paralizante de la paz sin justicia y de las miras a ras de suelo del desierto, ya sin puntos cardinales a donde dirigirnos.

¿Cómo puede haber mujeres abortistas contra su misma naturaleza maternal del “nosotras parimos, nosotras decidimos”? Ni su feto es unidad de alma personal con la madre, ni ellas tampoco pueden decidir de su cuerpo, por la obligación moral del “no matarás”, y “no te matarás”, contra el suicidio y el deber de velar por nuestra propia salud. Nos debemos por justicia y por la caridad al cuidado de nuestra propia salud.

Y a esas depravadas madres, con la cabeza llena de pájaros, ¿qué les importa eso de ser “templos del Espíritu Santo”? ¿Qué entienden ellas de feminidad cuándo se han convertido en marimachos, que es la cara opuesta al machismo que tanto denuncian…?

¿Ignorancia culpable o paganismo  deshumanizante e irracional?

TODAS LAS REDES SOCIALES DONDE PUEDES ENCONTRANOS, HAY QUE ESQUIVAR LA CENSURA

1 Comentario

  1. Igual que existe LA EXIMENTE DE LEGÍTIMA DEFENSA, cuándo una persona tiene que matar a otra para evitar que le asesine, DEBE EXISTIR LA LEGÍTIMA DEFENSA SOCIAL, COLECTIVA, cuándo haya que erradicar de nuestra sociedad a individuos que constituyan un peligro público para todos.
    Así de claro.

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