Ese engendro que está intentando formar Pedro Sánchez que muchos llaman “gobierno Frankenstein” para nosotros no es ni gobierno, ni Frankenstein, simplemente es la pandilla basura.

Y no puede considerarse otra cosa si tenemos en cuenta que ninguno de los partidos y personajes que pretenden formar parte de él o apoyarlo, lo hacen para servir, sino para servirse, desde el presidente del gobierno hasta el último miembro de partido comunista, separatista o proetarra, todos pretenden el beneficio personal, ninguno de ellos pretende el beneficio general de la gente.

Y con esas mimbres se está formando un carísimo cesto para cuyo pago se nos va a saquear a todos, desde el primero hasta el último, comunista o medio pensionista. Y el mayor problema de todo esto no está en quien lo haga para beneficio propio, el mayor problema está en quien lo defiende y, sobre todo, en quien calla con resignación, porque está otorgando y dice, además, esa famosa frase tan utilizada por todo el mundo y que tan nefastas consecuencias está trayendo para toda España: “yo no puedo hacer nada”.

Con el “yo no puedo hacer nada” no habría habido reconquista ni tampoco levantamiento contra las tropas francesas en el famoso 2 de mayo, sencillamente seríamos, o musulmanes, o franceses.

El “yo no puedo hacer nada” ha sido un discurso impuesto por los políticos en las cabezas de todos los españoles a lo largo de los años a base de miedos e impuestos. Impuestos, que de eso trata básicamente todo esto. Impuestos de los que vive una buena parte de la población que se convierte por elecciones de uno u otro tipo en cargos electos.

Impuestos de los que vive esa buena parte de la población y buena parte de su familia y amistades directas. Impuestos exagerados de los que es muy fácil vivir. Impuestos que han convertido a esa parte de la población en “casta privilegiada” a la que no están dispuestos a renunciar. Impuestos por los que callan todos los que están alrededor de los grandes líderes que van a formar ese gobierno porque no sabrían vivir de otra cosa que no fuera el esfuerzo de los demás.

Impuestos cada vez más grandes y con los que cada vez atemorizan más a la población. Impuestos injustos que convierten a los ciudadanos en esclavos al dedicar el 60% de su trabajo personal a mantener a otros, a los de esa “casta privilegiada”. Impuestos, en definitiva, que no sirven para casi nada de lo que nos cuentan y con los que nunca tienen suficiente.

El día que los ciudadanos se den cuenta al saqueo al que les somete esta pandilla basura también se darán cuenta de que, en realidad, sí se podía hacer algo. Sin miedos y sin cobardía, porque es de justicia y porque somos más…