Memoria

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Grandes palabras avaladas por labios mentirosos. Tiempo de nepotismo. Indefendible aumento de exclusividades e indultos de la minoría voraz. La raza marxista que ha invadido Occidente, ahíta de canonjías, lo confunde todo a su conveniencia y rechaza los hechos en su realidad histórica. Ignora a propósito su índole inicua, y también ignora que previo a la pretensión de salir a limpiar el mundo –como dicen fingidamente- tendrían que limpiar su casa, que es una pocilga.

“Todo irá mejor”, dicen los frentepopulistas y sus cómplices. Esta gente, estos salvadores de pega, estos progres visa-oro que desprecian las tradiciones de los antepasados, no se conforman con sacar provecho fácilmente. Quieren, además, como furtivos inspirados por el rencor y la maldad, destruir España y la civilización que la sustenta.

Cegados e infatuados con satánico frenesí, con patológicos y viles sentimientos, escenifican su bochornoso espectáculo como regidores de una administración sin ley, sin seguridad y sin justicia, proclamando sin decencia un falsario y fatigoso discurso de paz, de defensa de los pobres, de libertad y de democracia, mientras llevan a la patria al borde del abismo.

¿Cómo no rebatir inaplazablemente las maquinaciones de quienes tratan de atemorizarnos, embrutecernos y doblegarnos, en nombre de una libertad, una solidaridad y una democracia que en sus sucias bocas adquieren un sentido miserable? ¿Cómo, además de descalificarlas y denunciarlas, no hemos de tratar de empujar a los matones e incendiarios, a los jueces venales o a los políticos traidores con ellas al precipicio?

Siempre que estas izquierdas radicales obtienen el poder, dejan detrás de sí ruinas humeantes, porque además de ser incapaces en sus administraciones de elevar el nivel socioeconómico de los ciudadanos, más allá de la mera subsistencia, ambicionan el poder compulsivamente, como fin en sí mismo. No hay en ellos afán de enaltecer, sino de imponerse. Y por tanto el poder en sus manos es un instrumento de destrucción y de revancha.

Desde el Gobierno o moviendo los hilos en la oposición, el PSOE y sus cómplices han sido siempre nefandos para el país. Sin embargo, a pesar de su historia de crímenes, de su incapacidad administrativa, de su incompetencia económica, de su sectarismo o de su inconsistencia intelectual y moral, escasas voces se han preocupado de cuestionar su conducta poniéndolos ante el espejo de sus engaños y contradicciones. Es chocante para todo espectador imparcial la benefactora prensa que ha protegido siempre a estas organizaciones delictivas.

Toda persona normal y objetiva rechaza enérgicamente la antipatía hacia la libertad y la excelencia que caracteriza a las izquierdas. Sólo la nesciencia, la maldad y sus compinches pueden defender aún la doctrina y la moral práctica del frentepopulismo, sus hábitos e inspiraciones, sus fines inconfesables. Sólo la hispanofobia, el resentimiento, la abyección o la ignorancia se sienten dichosos con su gobierno de cenizas.

Los numerosos incendiarios que, junto a los fabricantes de falsas acusaciones, se apuntan a todos los desastres, y a los que sólo mueven ambiciones, envidias e intereses individuales o partidistas, se arrogan sin embargo el derecho de acusar de delitos a sus acusadores, conscientes de que su difamación va a penetrar hasta los últimos rincones de la sociedad en forma de sospecha. Es este un aspecto más de su miserable propaganda.

A las izquierdas agitadoras no les interesa separar de entre sus enemigos políticos a los verdaderamente culpables de los falsamente acusados. Su fin consiste en denigrar al oponente inutilizándolo, sin inquietarles el método urdido; mejor aún, prefiriendo el de la insidia porque es el más satisfactorio para su moral degenerada y tóxica que emerge siempre en sus actos y gestos, en cada palabra que pronuncian.

El revanchismo marxista de Zapatero dinamitó la reconciliación heredada del franquismo, que ya habían socavado en parte sus predecesores en el partido. Desde entonces, el enfrentamiento y el odio brotan de las proclamas y medios de la izquierda bolchevique que asumió sin escrúpulos la deriva zapateril, y se empeñó en convencer a la ciudadanía de que el gusto por la excelencia es perjudicial y que el progreso consiste en igualarnos a todos en los sótanos. Y, en efecto, lo noble es muy dañino para su propia ideología.

En realidad, el más colosal y terrible engaño de los frentepopulistas consiste en haber hecho pasar el desafuero por virtud. Veo en ellos el germen inmenso del estrago, la soberbia del desprecio y la voluntad de criminalización hacia todo discrepante. Toda esta patulea de resentidos que silencia al pueblo mediante el agitprop de sus televisiones, que lanza asechanzas contra los medios alternativos e impide a los ciudadanos el acceso a la verdad con todos los procedimientos a su alcance, ha convertido las instituciones representativas en nidos de sierpes y babosas.

No todos pueden ser leales aunque quieran. Para ello hace falta cierta grandeza de corazón. Hay gentes que adoran el horror y tienen como dioses figuras espantables. De ahí que los más canallas sean sus héroes y siempre se hallen donde se encuentra el pico destructor, el afán de derribo. Nuestras instituciones, en esta hora triste, están dando ejemplo de ello todos los días.

Acosada por su pérdida de credibilidad, esta escoria se ve forzada a argüir falsedades y acudir a una demagogia barata, con el objetivo de aumentar la confusión y lanzar cortinas de humo que disimulen sus evidentes contradicciones, sus infames fines. Por su anómalo comportamiento, por ciertas conductas malsanas, la mayoría de los izquierdistas resentidos deben ser considerados como enfermos políticos peligrosos y muy difícilmente curables, a los cuales debe mantenerse distanciados del mundo de las personas consideradas libres y sensatas, y abandonados a sí mismos en su círculo lóbrego, evitando todo contacto con su flujo totalitario.

La evidencia nos dice que muchos de sus líderes son personajes paranoicos; por su boca -más aún que la histeria- habla el diablo y, quizás, más de un solo diablo. Respecto a esta camada patógena, conformada por separatistas, terroristas, chavistas, social comunistas, además de por sus seguidores, tenemos que acudir a lo dicho por el psiquiatra Enrique González Duro: El pensamiento paranoide es rígido e incorregible: no tiene en cuenta las razones contrarias, sólo recoge datos que le confirmen el prejuicio para convertirlo en convicción.

Y recordar una vez más a Shakespeare: Ese vil jabalí, voraz, sangriento, que nuestros campos y viñedos tala, que bebe, cual si fuera en charca impura, vuestra sangre humeante, y su dornajo en vuestros cuerpos lacerados busca; ese cerdo ruin aquí se esconde… (Ricardo III)

Efectivamente, aquí se esconde, en nuestras instituciones. De ahí que sea urgente desahuciarlas. Es necesario regenerar todo organismo corrompido, porque una vez instalados en el poder no es fácil deshacerse de estos fanáticos, aunque a veces la solución suele venir de que, entre ellos, unos a otros se exterminan.

Pero como en el ínterin los extremistas y sus mandarines se afanan en ningunear con su desprecio a los ciudadanos libres hasta acabar aniquilándolos, esta parte de la sociedad silenciada debe tomar la iniciativa y argumentar con hechos ante tales dementes y tales delincuentes que su anterior mutismo ni se ha debido a la ignorancia ni a la cobardía, sino a la prudencia. Y que, desde la prudencia, no van a cejar hasta dar con sus huesos en la cárcel.