PSOE

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Es evidente que en tiempos de Shakespeare los frentepopulistas, tal como los conocemos ahora, aún no habían irrumpido en las crónicas, pero como siempre han existido chacales ávidos del poder absoluto para hacer el mal al hilo de su demencial ambición y de su sucio resentimiento, el genial autor inglés creó uno de sus dramas más memorables, Ricardo III, para representarlos en la figura de éste.

Por eso cualquiera de estos diablos actuales, que tienen pervertida la conciencia de lo justo y lo injusto, podrían hoy hacer suyas las palabras que Shakespeare puso en boca del tortuoso duque de Gloucester:

¿Memoria Histórica? Hablemos del PSOE y de sus cuates (I)

Más de mil lenguas mi conciencia tiene, y cada lengua su distinta historia, y cada historia me proclama infame. Perjuro, vil, perjuro el más horrendo, asesinatos bárbaros y horribles. Los más nefandos crímenes acuden a la barra gritándome «culpable». Desfallezco. No existe quien me quiera, ni alma ninguna llorará mi muerte. Pero, ¿por qué llorar? ¿Hallo yo mismo compasión en mí mismo de mí mismo?

Es evidente, por otra parte, que nuestra izquierda ibérica pata negra, que lo mismo celebra tumultos incendiarios, que se manifiesta a favor de los asesinos de ETA o de los golpistas catalanes encarcelados, o hacen de Maduro y el castrismo sus ídolos, está pidiendo a gritos la presencia de una pluma vigorosa que trace su dibujo para la Historia, del mismo modo que el escritor de Stratford-on-Avon retrató al último soberano de la casa de York.

Estos parásitos, traidores y ladrones que han devastado España cultural y moralmente, que pretenden liquidar nuestras raíces y disolvernos, ¿no se merecen formar el elenco de una gran tragedia, la de la Transición, protagonizándola? ¿No merecen que ellos, junto a sus lóbis y mafias, apéndices del Gran Poder, queden inmortalizados en una renovada Historia de la infamia?

¿Puede alguien regocijarse cuando gobierna el PSOE, de la mano de sus cómplices, con todo lo que ha significado para España?: Prieto, Largo Caballero, Negrín, los crímenes de las Juventudes Socialistas, la destrucción de la República, la Guerra Civil, el oro de Moscú, la negociación con  ETA, el 11M, los GAL, la «OTAN de entrada, no», el paro endémico, los casos Flick, KIO, Rumasa, Filesa, Ibercorp, Cruz Roja, la estafa de la PSV, el caso de los fondos reservados, el caso CESID, los ERES andaluces, las peonás, las redes clientelares, las alianzas con la beautiful, los pelotazos y comisiones, Urralburu, Sarasola, Luis Roldán, Mariano Rubio, Juan Guerra, Gustavo Cisneros, Barrionuevo, el hombre X, Zapatero y su rencor, el matrimonio homosexual, el aborto, Rubalcava, el chivatazo del bar Faisán, la Ley de Memoria Histórica, la LGTBI, el doctor Pedro Fraude Sánchez con sus trampas electorales, las tiorras y los sarasas, la alianza con filoterroristas, chavistas y separatistas, la profanación del cadáver de Franco… ¿Quién puede no sobrecogerse con un Gobierno del PSOE? ¿A quién pueden saltársele las lágrimas de alborozo?

Y si estos hechos y otros similares constituyen sus logros, es de justicia subrayarlos para que tanto la sociedad española como el mundo entero puedan sensibilizarse ante sus comportamientos desviados, sus conductas perversas. Porque, si bien no siempre han ejercido la gobernanza a lo largo de la nefasta Transición, en realidad los socialistas llevan instalados en el poder cuarenta años sin verdadera divergencia, y bajo su reinado ha nacido en este país una nueva religión que consiste en promover cualquier incongruencia o desafuero con absoluta impunidad, siempre y cuando vaya en particular provecho del sectario de turno, de la secta en general, y en contra del progreso de España.

Las reglas de esta religión son simples y esencialmente consisten en tener un estómago amplio y una conciencia estrecha. Para alcanzar la santidad hay que ocultar o subrayar la realidad a conveniencia y simular que todo se hace en loor del pueblo, del progreso, de la democracia y de la libertad.

Existe un paraíso inmediato para los meritorios: estar bien visto en los consejos del NOM, ser amigo de los financieros guapos, tener en sus mansiones escoltas y guardias de seguridad vejados, disponer de un sustancioso salario vitalicio a costa del pechero, difundir entre el cortejo de aduladores el glamoroso perfume del poder, pasear más o menos los gustos y la vida privada por los mentideros rosas, despreciar y robar al pueblo que dicen amar y, en especial, seguir sin dar golpe como han hecho durante toda su vida.

Por supuesto que para conservar esto han de levantarse todas las mañanas sabiendo a qué o a quién están obligados a sacrificar hoy, a qué o a quién deben escupir hoy su vileza y, por el contrario, ante quien deben extender la alfombra y ofrecerse genuflexos. Como desconocen el honor y les ciega el odio, son como una nutria que aun sin estar hambrienta entra en un estanque y destruye todos los peces con los que se cruza.

Las izquierdas y sus cómplices en general y el socialismo en particular sueñan con una sociedad totalitaria de ladrones en la cual los líderes de la revolución sean los que más roben y los que instalen la jerarquía de latrocinio de acuerdo con los méritos de sus agentes revolucionarios. Pertenecen a aquellos de quienes se dice: «Quieren hacerse ricos…» El problema consiste en que esta riqueza siempre procede de la propiedad ajena. Aman tanto a los pobres que los crean a millones. Dicen defender el pan de todos, pero en realidad lo que defienden es sólo su granero. Y para ello, para satisfacer su desaforada ambición no dejan de armarse y acudir a la violencia y a la insidia, ni de hacer decir a la ley lo que les conviene.

No sólo no se cansan de levantar falsas acusaciones contra las voces críticas, sino que a tales críticas dirigidas contra sus detestables conductas las legislan como un delito de odio y tratan de enmudecerlas con la amenaza de multas o de cárcel. Y como aunque pretendan disimularlo saben que sus afrentas y delitos son imborrables, y que un buen día los hombres y mujeres de bien les darán su merecido, se les colman las tripas de amargo temor y animadversión.

¿Y quienes suelen seguirles? Los vagos, los tramposos los hampones… todos aquellos que se juntan atraídos por exhalar el mismo repugnante aliento político, moral e ideológico. El hampa ciudadana espera la primera señal de debilidad del Estado para lanzarse al saqueo. Y saben que la fórmula mejor para debilitar al Estado y vivir del cuento es votar a los frentepopulistas.

Quiero pensar que, sin embargo, la dominación del frentepopulismo en España es frágil y artificial y que, construida no sobre la verdad ni sobre una fuerza real sino sobre la abulia de una mayoría de españoles, ciegos ante la insidiosa propaganda, caerá al primer choque, en cuanto se encadenen los más razonables actos políticos de la mano de unos líderes firmes, defensores de la libertad y de la unidad. Unos líderes que sepan poner al pueblo en su sitio, enfrentarle a su responsabilidad y dar el impulso y la confianza necesarios para que una mayoría ciudadana les siga.

Por eso, sin descanso, hemos de hacer lo que otros hicieron antes de nosotros y harán después de nosotros: proteger a la razón, a la justicia y al libre arbitrio, es decir, a la dignidad de la persona y a la Patria.

Todas las redes sociales donde puedes encontranos, hay que esquivar la censura