curas

Celebro el artículo del compañero don Jorge González Guadalix, del pasado día 15 de noviembre de 2019, publicado en el diario digital El Correo de Madrid, “Dando gracias a Dios por ser cura de pueblo pequeño”. Sus varios e importantes cargos apostólicos en Madrid, no le han quitado la ilusión celosa profesional de servir en localidades pequeñas.

Demuestra esa verdadera vocación de apóstol al servicio del Reino de Cristo y se siente encantado, sin miedo a aburrirse.

No menos encantado está este servidor que suscribe, tras 50 años residiendo en la primera parroquia que me asignó mi Obispo, y encargado de otras parroquias próximas.

Se ve que no soy de “los del cambio”, pero eso sí, “por las cosas bien hechas” –como decía el primer lema de los socialistas-.

El tema de los curas rurales, es digno de ser conocido por lo que significa en su doble vertiente de atención a la religiosidad tradicional de estos lugareños, fieles a la doctrina pura católica, dignos de recibir los servicios sacramentales e instrucción de raigambre de fe y de razón mantenedora del sentido de la existencia y de la justicia en sus costumbres y su fraternidad de vecindario cristiano.

Somos los únicos funcionarios -en nuestro caso, más bien servidores públicos-, que quedamos en los pueblos, residentes y al servicio de siete días a la semana, y las 24 horas de cada día, durante los 365 días del año, y 366 los bisiestos…

Los médicos, los maestros, los secretarios de los ayuntamientos, etc., están unas horas en los pueblos, y luego marchan a sus ciudades. Al veterinario, por ejemplo, hay que “pescarle” por teléfono cuando hay una vaca de parto.

El sacerdote, en cambio, está todo el día en sus parroquias, con horarios fijos de misas y visitas al despacho parroquial.

Mantenemos las devociones de novenas varias, rogativas con bendición de los campos y animales, con procesión cantadas las letanías en latín (incluso); atendemos a enfermos y hasta hacemos instancias de recursos o solicitudes a personas que no saben hacerlo por sí mismas, por supuesto gratis et amore.

A mí me ha tocado, en tantos años aquí, ser hasta Secretario de la Junta Vecinal, Presidente nombrado por 17 Municipios distintos de una Asociación reivindicadora del cierre del pantano de Riaño en beneficio de la promoción agrícola de la comarca (ACOPRIS, asociación pro riego de la comarca de Sahagún), para dar la batalla con mis escritos contra los falsos ecologistas en el “Diario de León”…

Promoví dos manifestaciones en León para tal cierre (con la ayuda de la Diputación Provincial), y se logró el cierre, allá por los años 80.

No cito otros cargos, por no ser el objeto de este artículo, sino el dar a conocer la importancia del cura rural en lo religioso y lo social, en lo cultural y en el mantenimiento de la moral pública y privada.

Es una vida de vocación, sin la cual, el aburrimiento y sentido de la soledad, haría absurda esta dedicación. Los rezos del Breviario y devociones, la Santa Misa, sublime ministerio irrenunciable para la Iglesia y para el mundo (el sacrificio perpetuo), repetido a días tres o cuatro veces en las parroquias; los bautizos y preparación de primeras comuniones por desgracia ambos hechos escasos en el medio rural, dónde abunden más los entierros, y el acompañamiento y acogida en el Señor de los fieles difuntos y de sus familiares, a los que damos el consuelo que podemos, como apóstoles del Señor que somos.

También la lectura, ese alimento espiritual que tanto escasea hoy en día, sobre todo las sanas y buenas lecturas, el estudio, para mantenerlos al día de todo lo que atañe a nuestro ministerio sacerdotal, las cartas de dirección espiritual a files seguidores, etc.

Algunos escribimos para medios de comunicación, procurando hacer un apostolado de la prensa, dando a una sociedad desnortada una orientación ética y religiosa, conforme a los principios de la Iglesia Católica de siempre, y, en mi caso, también tengo tiempo para creaciones artísticas con el piano, composiciones de música clásica, debidamente registradas, procurando llenar el tiempo para mayor Gloria de Dios, de una forma útil y beneficiosa para la sociedad, a cuyo servicio estamos, en cada instante del día.

¡Ah! Las parroquias rurales: familia grande en la que el cura rural palpa la comunicación de la familia particular al servicio de Dios y de los hombres, que hacen que estando solos, estamos siempre acompañados, y muy bien acompañados, por nuestros parroquianos, feligreses y amigos.

(Me permita el perspicaz comentarista don Antonio García Gómez que agradezca sus elogiosos comentarios sobre mis artículos; don de inteligencia).

1 Comentario

  1. Como muy bien dice el Padre Calvo, los curas rurales SON LAS ÚNICAS PERSONAS CON ESTUDIOS Y FORMACIÓN que siguen batallando en nuestros pueblos y por nuestros pueblos, pero no desde las ciudades, o ese “siniestro” Ministerio para la Despoblación, que ahora se anuncia, SINO AL PIE DEL CAÑÓN, mezclados con el pueblo, y luchando, codo con codo, con ellos.

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