Entre la absurda cumbre del clima, entre los pactos de Sánchez para conseguir ser investido presidente, entre los mil y un escándalos que surgen todos los días en España, hay unas declaraciones de Alfonso Guerra que han pasado completamente desapercibidas y que son un escándalo mayúsculo: las referentes a la Ley de Violencia de Género y al Tribunal Constitucional.

Parece que a los líderes socialistas se les despierta su lado demócrata y racional cuando se jubilan, cuando ya no se juegan nada. Eso sucede en el caso de Alfonso Guerra y en el de otros muchos. Para nuestra desgracia se convierten en personas valientes en el momento de su jubilación, hasta entonces no son más que miembros de un partido que quieren mantener su cuota de poder y sus excesivas e injustas prebendas.

En unas recientes declaraciones, Guerra ha hablado de la Ley de Violencia de Género y en la forma en que fue aprobada, y dada de paso por el Tribunal Constitucional, una ley por la que los delitos son castigados de forma distinta si eres hombre o mujer. Es más que evidente que es una ley a todas luces inconstitucional puesto que acaba con un principio fundamental de la Constitución que dice que todos los españoles somos iguales ante la Ley.

En esas declaraciones, Guerra reconoce haber hablado con el Presidente del Tribunal Constitucional sobre esa Ley y haber hablado con él sobre algo muy lógico, declararla inconstitucional. Ante su sorpresa, y la de todos, finalmente no fue así, aunque este le dijera que iban a hacer lo contrario, debido a las presiones.

Y uno se pregunta entonces: ¿Para qué tenemos jueces? ¿Para qué tenemos Tribunal Constitucional si sucumben ante las presiones sociales y prevarican solo para que no se les critique? Después de declaraciones como estas, ¿cómo vamos a hablar de España como un estado de derecho? Es imposible. España no tiene nada de estado de derecho, lleva años siendo un estado de auténtico desecho gracias, entre otros, a personajes como Alfonso Guerra que callaron ante injusticias que reconocen décadas más tarde, cuando ya no se juegan nada. Asqueroso.