Pedroche

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Cristina Pedroche ya lleva unas semanas calentando motores, es un producto y tiene que venderse de cara a las campanadas de Fin de Año de la cadena de televisión Antena 3. Es su trabajo, su negocio, y hay que respetarlo así. Nos parece muy bien que Cristina Pedroche venda sus “desnudos”, sus mini vestidos o lo que sea, porque está en su derecho. Es su trabajo, su negocio y es libre para hacerlo.

Y como bien ha dicho en su cuenta de Instagram: «No es cuestión de atreverme. Es cuestión de ser libre y de elegir lo que me de la gana. Os vais a quedar de piedra».  Y lleva razón, es cuestión de ser libre y de elegir lo que le dé la gana. Pues igual que nosotros tenemos el derecho de criticarla, ella tiene el derecho de hacer lo que quiera, faltaría más.

Y estas actitudes de Cristina Pedroche son aplaudidas por gran parte del movimiento feminista, que la tiene como un referente, como una luchadora. Sí, ese mismo movimiento feminista que luego critica a las azafatas de la Fórmula 1 y al resto que participa en actividades deportivas y otros eventos, cuando para muchas de estas mujeres es su medio de vida.

Como bien ha dicho el tuitero Naranjito (@PedroOtamendi), «Cristina Pedroche empoderando a la mujer frente al heteropatriarcado. Y no como las azafatas de los eventos que luchan por sobrevivir y llegar a final de mes. ¡Es que no entendéis nada!».

Y ahí está el problema, mientras la Pedroche hace muy bien ejerciendo su libertad a otras se les critica…, esa es la hipocresía feminista.

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