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Viene bien, de vez en cuando, un poco de relax y reírse de las cosas mundanas e incluso escatológicas que suceden a tu alrededor. No todo va a ser tensión política y preocupación, hay que dedicar siempre, aunque sea un solo minuto, a la risa.

Estaba entrevista Carlos Alsina en su programa de Onda Cero a Carmena. Carmena estaba contestando a una pregunta y explayándose en la respuesta mientras todos atendían en silencio sus explicaciones. De repente se escucha un sonido tremendo de fondo, como si hubiera pasado una motocicleta a la que no le hubieran puesto un silenciador en el tubo de escape.

El sonido no era el de una motocicleta, era el de un tremendo cuesco que se había tirado alguien del equipo del programa de Alsina. El presentador levanta la cabeza, otea el horizonte y cuando caza al infractor le señala con el dedo acusador mientras se echa las manos a la cabeza, seguramente pensando qué narices habría desayunado.

Lo curioso de la situación fue la actitud de Carmena quien no alteró ni un milímetro ni el rictus ni el discurso que estaba soltando en ese momento. Debe ser que, o no se enteró de la sonora ventosidad o que está demasiado acostumbrada a las flatulencias dado el paisanaje del que está rodeada habitualmente.