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Ha dado mucho que hablar la intervención de Javier Bardem por la Marcha del Clima. Llamar estúpido a todo aquel que no comulgue con sus ideas retrata la mar de bien a un personaje que se mueve viajando en aviones privados, usando un coche que gasta 18 litros de gasolina a los 100 kms. o ingresando dinero a través de la publicidad que realiza su esposa de una compañía de cruceros.

El caso es que el “listo” de Bardem, que va por la vida dando lecciones mientras él hace todo lo contrario a lo que predica, ha insultado a mucha gente y muchos de nosotros, no nos sentimos ofendidos por sus insultos ya que no ofende quien quiere, nos sentimos ofendidos por esa brutal caradura con la que va por la vida este “tonto a las tres”.

Pero lo mejor que nos hemos encontrado en referencia a este asunto es la explícita y magistral respuesta que ha dado Juan Carlos Girauta a los exabruptos de este pánfilo porque el calificativo que ha usado Girauta es el resumen perfecto de lo que Bardem es en realidad: un gilipollas. Y nosotros añadiríamos más: un gilipollas y un vendemotos.

Se nos presenta a la Marcha del Clima, además, con unas pintas indescriptibles como para querer camuflar lo que en realidad es: un millonario español que vive en Estados Unidos, que es la antítesis de la ideología con la que dice comulgar, y que vive la mar de bien bajo “el yugo capitalista” norteamericano.

A partir de ahí, lo que nos cuente este “gilipollas” carece de cualquier valor. Que se vaya en su jet privado por donde ha venido y que, si tiene otro hijo, vuelva a ir al carísimo hospital privado Y JUDIO al que tienen por costumbre ir.

¡Cuentista!