acoso telefónico

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Todos los días recibo un promedio de ocho a diez llamadas de personas interesadas en venderme buenos vinos (lo siento, pero no bebo), para que me cambie de compañía telefónica (me parecen todas unos ladrones de cuidado), de suministradoras de gas y electricidad (todavía tengo peor concepto de ellas), de venderme un coche último modelo (el mío tiene casi treinta años, y va perfectamente), etc.

Hace años, por aquello de la educación, y de que son personas que están trabajando, en una mierda de trabajo, eso sí, procuraba atenderles, etc., hasta que un amigo que había trabajado en el gremio me dijo que era lo peor que podía hacer, pues si el locutor consigue hablar contigo durante varios segundos, pasas a una lista de clientes potenciales, y se multiplican las llamadas…

Ahora cuelgo rápidamente, diciendo “No me interesa”, y en ocasiones, ni eso, simplemente cuelgo.

Se prodigan las llamadas a la “sagrada” hora de la siesta, sobre todo en verano, que te hace una gracia tremenda que una sudamericana o señora con acento extranjero –no sé por qué, pero la mayoría de las llamadas son de señoras-, quiera que te hagas cliente, por ciento cuarenta y séptima vez, de Jazztel, que a pesados no les gana nadie… ¡Te acuerdas de su padre, de su madre, y hasta de su abuela!

O que un móvil que viene denunciado en Internet por pertenecer a Seguros Santa Lucía, esté empeñado en hacerme un seguro de decesos. Tranquilos, que por ahora no me pienso morir, aunque todos estamos en manos de Dios.

Estos de Santa Lucia son más pesados que una mosca cojonera. Ha habido días que me han llamado hasta media docena de veces, y en muchas ocasiones sin contestar, colgando después de coger yo el teléfono, supongo que para que les llame y así no gastar ellos, o porque las locutoras ya están hartas de hablar con la gente.

En definitiva, este acoso telefónico es insufrible e inaguantable, y creo habría que limitarlo de algún modo.

Hace años el inútil de Zapatero anunció con bombo y platillos, que iban a publicar una norma que lo prohibiría, por lo menos a determinados horas. Por supuesto no se hizo absolutamente nada, pero el anuncio quedó muy bien, y dio la impresión –solo la impresión- de que teníamos un gobierno que se preocupaba por nosotros.

En fin, termino ya, que está sonando el teléfono sin parar; no sé si son de Santa Lucía, de Jazztel o de Telefónica, que desde que les he dicho que me voy a ir, no paran de llamarme para hacerme grandes y engañosas ofertas…

2 Comentarios

  1. EL ACOSO TELEFÓNICO ES REALMENTE INSUFRIBLE.
    Debe de ser la forma más barata de intentar vendernos algo, pues no tienen que hacer desplazamientos, etc.
    YO ME APUNTÉ A LAS FAMOSAS LISTAS ROBINSON, pero, a la hora de la verdad, no sirven de mucho, pues sigo recibiendo decenas de llamadas diarias.
    YO SOY UN PROFESIONAL LIBERAL, y no puedo tener mi teléfono oculto, pues necesito tener VISIBILIDAD EN LA RED, EN LAS GUÍAS DE TELEFÓNICA, ETC., para que los posibles y futuros clientes pueda localizarme RÁPIDAMENTE…
    ¿Qué NECESIDAD tengo de AGUANTAR llamadas de empresas con las que no tengo niguna relación, Y A LAS QUE NUNCA HE PEDIDO INFORMACIÓN…?

  2. Yo lo resuelvo de la forma más rápida, barata y efectiva: Les cuelgo el teléfono.
    La lista Robinson no sirve de nada. El denunciar mucho menos.
    Puede Ud. ademas, desconectar el teléfono en las horas de comida, siesta, y demás (que es cuando suelen llamar)
    En el momento oiga el soniquete panchilandia, cuelga y arreandoooooo!

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