política

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Con la mayoría de edad viene consigo la obtención del derecho al voto, toda una experiencia para el ser humano. Normalmente los jóvenes empezamos siendo completamente vírgenes en conocimientos políticos y esto acaba produciendo que nos rijamos por lo que se vota en nuestras casas en la primera experiencia que tenemos en unas elecciones; ya sean generales, autonómicas, locales o europeas. Cuanto más pasan los años, mayor información adquirimos en esta materia y tras ser graduados en periodismo, la obligación de absorber conocimientos sobre política se vuelve indispensable en nuestras vidas ya que hoy en día todo va relacionado con esta ciencia, destacando el papel fundamental que tienen los medios de comunicación, quienes acaban siendo uno de los mayores cauces mediáticos que existen.

Yo mismo tengo que reconocer que comencé votando a la izquierda puesto que era lo que se regía en mi casa y claro, cuando eres un ignorante de la política consideras que lo que se vota en tu entorno es lo correcto, pero según iba pasando el tiempo, mis inclinaciones políticas variaban a consecuencia de algunas actitudes de los partidos de esta misma ideología. Hoy en día, yo no me catalogaría por una corriente específica puesto que discurro que tanto la izquierda como la derecha tienen iniciativas muy buenas y necesarias para el bien de España y otras que no, aunque desgraciadamente, pensar de esta forma no vende cuando pretendes ejercer como periodista en un medio de comunicación ya que lo que buscan estos es que tu ideología se ajuste a su línea editorial o lo que es lo mismo, seas un periodista a su gusto y semejanza, lo que yo considero un ‘vocero’.

(Diario de un periodista novel: Capitulo II. “El compañerismo”)

A consecuencia de este hecho, los noveles, tenemos que tomar en nuestros inicios una serie de decisiones cruciales que labrarán la personalidad que queremos plasmar dentro de este mundo tan competitivo como es el de la comunicación y la primera concierne sobre el referendo moral de si queremos darnos a conocer como periodistas de izquierdas o de derechas. Para entrar en nómina, esa elección es determinante ya que los medios que podemos encontrar hoy en día TODOS tienen su perspectiva política señalada. Son muchas las empresas dedicadas a la comunicación que nos quieren hacer ver que son de centro o que poseen la varita de la imparcialidad, pero respecto a ese hecho, quiero manifestaros que estos mismos son los que en mayor medida dependen sobre una tendencia específica. Casualmente, los que más observo en esa tesitura acaban siendo los de izquierdas cosa que a los de derechas, en la vida los he escuchado ni leído fardando de su arbitrariedad. Asimismo, dentro de esta ideología también los podemos encontrar que presuman abiertamente de ser un medio de derechas como si de un superhéroe que viene a defender el mundo de ‘los malos’ se tratara.

Como bien señalé con anterioridad, yo no me clasifico ni como un periodista de izquierdas ni de derechas, pero en un mundo en el que solo existen esas dos vertientes, lo que aconsejaría a todos los periodistas noveles que me lean es a posicionarse por la línea editorial en la que más cómodos se encuentren escribiendo. Yo personalmente, me decanté por la derecha, el motivo principal es porque soy una persona contraria a todo lo relacionado con lo políticamente correcto. Tema que tiene que ver con lo políticamente incorrecto, tema con el que estaré de acuerdo y en este tipo de cuestiones, la tendencia ideológica por antonomasia es la derecha mientras que, en la izquierda, yace todo lo que ver con lo políticamente correcto.

La política en sí, no solo es un ámbito que crea conflictos, sino que también quiero reiterar lo injusto que me parece que los medios de comunicación también llamados el cuerpo poder, no nos permitan ser LIBRES a la hora de plasmar situaciones y/o pensamientos que tienen vinculación con una serie de sucesos objetivos, pero por desafortunado que parezca, ese privilegio de plena libertad solo lo tienen los que poseen un nombre en el mundo audiovisual o inclusive se puede dar la circunstancia de que hasta los más prestigiosos que nos vengan a la mente, en reiteradas ocasiones y sobre temas peliagudos, acaben autocensurándose con el fin de no perder seguidores. Al fin y al cabo, el éxito en el periodismo consiste en que la gente te siga y que nunca generes indiferencia. En tanto en cuanto estas dos situaciones se den, mayores serán las posibilidades de profesionalizarse en el terreno periodístico y la política en sí.

Mis reflexiones sobre este mundillo desde fuera como periodista novel son las siguientes: tanto en la prensa escrita, como en radio o televisión, lo que veo es que los analistas/periodistas políticos, en su inmensa mayoría hacen más la función de ‘voceros’ que de profesionales y/o heraldos o justicieros de la verdad. Si observáis, en muy pocas ocasiones percibiréis que este tipo de personas critiquen despiadadamente a los suyos. Ya pueden cometer la mayor de las tropelías que estos mismos portavoces, jamás acabarán diciendo que esa información es mentira o sesgada, y eso si no tienen la desfachatez de justificar las actitudes de sus socios para salvarles ese lugar en el que la espalda pierde su nombre.  Este tipo de acciones, a mí como periodista me indignan y mucho, puesto que todos los partidos políticos cometen acciones reprochables y por ese motivo cuando nuestros afines las produzcan, creo oportuno que hay que denunciarlas con el mismo furor que si fuesen provocadas por una formación contraria a nuestra ideología.

El hándicap de esas líneas rojas ‘invisibles’ creadas por los medios en los que se da preferencia a un determinado partido político, hacen que los que queramos ejercer esta profesión nos tengamos que amoldar a unas circunstancias y rediseñarnos como un producto atractivo para los medios audiovisuales y esa maldita obligatoriedad luego acarrea una imagen que acabaremos exteriorizando al mundo y que además nos conllevará una serie de consecuencias: crearnos un perfil de derechas nos cerrará las puertas a los medios de izquierdas y si decidimos hacer de nosotros un periodista de izquierdas sucederá lo mismo, pero con los medios de derechas. Luego también los hay que han pasado de un lado al otro de manera extremista y con gran facilidad, pero habría que ver la imagen y el concepto que tienen esos mismos periodistas ante el público que les observa. Por desgracia, estas cosas se dan cuando lo que prima son los ideales políticos por encima del sentido común.

Las relaciones entre los profesionales de la política y del periodismo también son muy importantes con motivo de que los unos y los otros se utilizan entre sí. El político necesita un altavoz que le cuente las pestes del enemigo y a su vez una plataforma que difunda su mensaje al público mientras que por su parte el periodista, tiene la necesidad de dar exclusivas e informaciones veraces para contentar a sus lectores y por ende a sus jefes. Por este motivo, el networking es muy imprescindible en este ámbito ya que a más informaciones consigamos, mayor importancia adquiriremos en el mundo del periodismo.  Según el nombre y el cargo del político nuestro futuro en esa modalidad puede estar o no asegurado.

Desde mi perspectiva creo que llegar a este tipo de perfiles y más si son de alto standing es muy difícil y por ese motivo, creo oportuno que hay que empezar desde abajo, asomando la patita conociendo políticos ‘low cost’ que sirvan como puente para acabar logrando así contactos de mayor categoría. Dentro del mundo de la política las relaciones que he tenido han sido contadas, pero esas pocas me han hecho ver la clase de perfiles que se pueden encontrar en las pequeñas delegaciones políticas. Mucha falsedad entre semejantes, puñaladas de unos a otros y en los que hay gente que te prometen una cosa y luego se olvidan de ella. Cuando te ven un periodista novel, los hay que se creen que tienen todo el derecho a pisotearte o incluso a ningunearte y precisamente esos que actúan de esa forma, acaban siendo políticos mediocres que pretenden crecer a costa de los pardillos. Yo no voy a medir con distinto rasero al político según su importancia ya que creo que la educación y la cordialidad se deben de dar hasta con el que menos afinidad política se tiene, pero claro, a quien pretenda ningunearme, zasca a la vista. Por mi corta experiencia en estos lares os tengo que confirmar que el respeto dentro del ámbito del periodismo y la política uno mismo se lo tiene que ganar plantando cara a cualquiera que te pretenda torear.

La conclusión final que saco a este tercer capítulo denominado La política y sus cauces mediáticos es la siguiente: Para ejercer, veo indispensable posicionarse sobre una ideología política ya que el que empieza caminando entre dos aguas, no acaba ejerciendo y esto quieras que no, se acaba volviendo una frustración para toda aquella persona que ha estudiado cualquier tipo de carrera, inclusive la de periodismo. El lema del buen periodista es “información es poder” y en la gran mayoría de los asuntos relacionados con la política tenemos que mojarnos. Izquierda o derecha, frío o calor, y así sucesivamente a excepción de en casos puntuales que podemos permitirnos el lujo de ser Suiza.