compañerismo

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La relación entre compañeros, no es fácil. Aunque uno mismo pretenda tenerla buena y positiva, no siempre llega a ser así. La competencia por ascender profesionalmente más las manías personales que pueda tener el que tengamos enfrente o las nuestras propias, pueden condicionar esa camaradería.

Ya en la misma Universidad, encontramos inicialmente lo que es la antesala del compañerismo profesional. Estudiantes que de cara a la galería pueden ir de ‘buenos colegas’ pero que, a su vez, a la hora de pedirles favores relacionados con lo académico, estos buscan salirse por la tangente para no hacerlos. De manera directa o indirecta, he vivido este tipo de situaciones, en unas, el protagonista de la acción era yo y en otras, por el contrario, un compañero de confianza que intelectualmente hablando sobresalía por encima de los demás. Las actitudes de los estudiantes con este colega, la verdad que eran de traca, lo mismo establecían contacto con él para pedirle favores o reclutarle para trabajos en grupo, que le ignoraban cuando no le necesitaban o hacían el efecto fantasma al cruzarse con él por los pasillos de la facultad ignorándole por completo… hasta que volvían a requerir de su cabecita privilegiada, justo en ese mismo instante entraba en escena su visibilidad acompañados de la sonrisa de dentífrico y los ojitos de corderito degollado. Eso sí, cuando a estos individuos les pedían apuntes y no querían pasarlos, la diplomacia era el mecanismo que utilizaban para evitar un posible ‘cara a cara conflictivo’ con la persona que imploraba ser ayudada. Mismo símil puede suceder cuando el compañero y el favor provienen de un ambiente laboral, el desenlace para que ese colegueo fructifique suele ir condicionado a una serie de factores los cuales a continuación relataré:

(Diario de un periodista novel: Capítulo I. “Las adversidades”)

El primer factor viene asociado a la jerarquía y a la actitud de ese compañero

Dentro de la buena camaradería podemos encontrar personas respetuosas con el ‘inferior’ o el ‘igual’, mientras que el que la ejerce de manera anómala, lo que produce es que el semejante, acabe profesando una actitud tiránica contra el periodista novel. Yo en mi experiencia haciendo prácticas en la emisora de radio que las hice, contaba con cuatro compañeros; tres hombres de una edad que pasaban los cuarenta y pico y una chica joven con aproximadamente unos cinco años menos que yo. De esta última, fue de la que mayor apoyo recibí, que casualmente era también nueva en el lugar, con la diferencia de que yo estaba de prácticas y ella como recién contratada en la empresa relacionada con el mundo de la radiodifusión. Llamativa fue mi experiencia en la que pude comprobar en ese mismo instante que el tridente de veteranos hacía piña entre ellos en vez de colaborar para que los nuevos nos aclimatáramos al ambiente. Aunque hubiese una cordialidad entre todos, las distinciones entre personas estaban ahí. “Nuevos Vs Veteranos o Jóvenes Vs Maduros, de una forma u otra, pero la división existía, mal que, de cara a la galería se intentase hacer ver a los que acudían al estudio que todo era maravilloso. Personalmente, dentro de ese tridente, solo a uno le llegué a tener inquina, por su facilidad de sacar a paseo su lengua viperina. Con los restantes, seguramente en la actualidad, no guardaría ningún tipo de rencor, aunque tuviese mis grandes diferencias con ellos.

Si hay algo que tengo claro en mi corta experiencia en estas lides es que no todo el mundo sabe llevar bien un cargo de gran responsabilidad o el estatus de ser el veterano en una empresa audiovisual a la hora de instruir o tratar con becarios o noveles. En muchas ocasiones he podido comprobar esta misma situación, el veterano de llegar a ayudarte lo hacía una vez y ya no más, quizás en alguna ocasión pudiese haber un segundo apoyo, pero en veces contadas. Desde mi experiencia puedo decir que los veteranos no tuvieron ningún tipo de empatía con el novato, esto es, conmigo.

Creo que tener la vocación de periodista y todo lo que ello conlleva, para mí es determinante porque cualquiera no vale para enseñar. Dentro de la jerarquía hegemónica, encontramos personas que cuando su posición es mayor a la de otro periodista, estos acaban aprovechándose de ello. En unos casos para ofender o ridiculizar al compañero ‘inferior’ y en otros, para utilizar al nuevo como el tonto útil del que sacar tajada de él como el chico de los recados o al que poner en su punto de mira para pisotearle en el momento en el que este no haga las cosas tal cual las quiera el colega de superior categoría. Este tipo de situaciones las pude vivir yo, hacerte ir de recadero para entregar las entradas gratuitas que se sorteaban en la emisora al mediodía o el caso de regañarte por no actuar como ellos lo harían a la hora de tomar ciertas decisiones. En unas ocasiones esto se debía por la falta de experiencia propia y en otras, porque cada persona es un mundo y la decisión en ciertas circunstancias dependen del pensamiento de la propia persona. La paciencia cuando eres becario o novato tiene que ser fundamental y en ocasiones el novel, debe asumir la necesidad imperiosa de aguantar sapos y culebras con tal de integrarse en un nuevo grupo humano.

Ser ‘el nuevo’ en cualquiera de sus vertientes puede provocar dos circunstancias completamente antagónicas. Lo mismo te vuelves más fuerte y acabas haciéndote respetar ante los demás, que terminas derrumbándote y planteándote dejar esa misma profesión por la que tantos años te pasaste en la Universidad y todo, por una pandilla de frustrados que han visto que su techo profesional ya llegó a su fin, estando en el lugar en el que están y que más arriba, ya no treparán. Tu rendimiento e incluso ilusión por la profesión puede depender exclusivamente de cómo te lo pongan de fácil o difícil los compañeros que tengas a tu alrededor además de tu propia fortaleza psicológica.

El segundo factor viene relacionado con la seguridad o más bien, la inseguridad que pueda tener ese mismo compañero

Una persona que se muestra segura de sí misma profesionalmente hablando, no tiene por qué temer que su puesto de trabajo peligre. En ocasiones, el compañero mediocre no tiene la actitud de ayudar al novel debido a esos miedos e inseguridades que le rodean a ser relevado por alguien y más cuando ese colega al que ve en realidad como adversario, posee talento y lozanía, algo que a este mismo le otorga un gran margen de mejora para superar a su ‘rival’ maduro. La juventud, otorga ilusión y grandes aspiraciones mientras que el veterano, sabe que alguien joven puede poner en aprietos su puesto de trabajo si recibe una instrucción tan implicada como profesional. Para un empresario, tener a un joven bien pulido se convierte en toda una perita en dulce y la garantía de poder rejuvenecer una plantilla que puede quedar ‘muy retro’ a la hora de poder ejercer un periodismo más moderno gracias a las nuevas modalidades que tiene el periodismo actual por medio de las redes sociales.

En mi experiencia, uno de los momentos en los que en mayor medida me sentí zancadilleado profesionalmente, fue a la hora en la que los veteranos no me diesen tareas en las cuales yo pudiese destacar, como por ejemplo al no ofrecerme asuntos relacionados con la realización de cuñas publicitarias o entrevistas a diferentes personalidades que pasasen por la radio. Dos modalidades en las que no sólo hubiese despuntado como periodista en ese mismo lugar, sino que además este hecho ocasionase que los veteranos se liberasen de la carga de trabajo que tenían o lo que es lo mismo, de ese trueque ambas partes habríamos salido beneficiadas. Desde mi percepción considero que un buen compañero debería de sentirse orgulloso de poder ser el mentor de un novel e incluso que este pueda acabar convirtiéndose en un referente gracias a sus consejos y nociones asociados a los medios. También por otro lado, entiendo y empatizo con el veterano inseguro ya que cuando se llega a una edad y estás en tu teóricamente último trabajo, en el que ya gozas de una gran estabilidad, es comprensible que el miedo a que uno más joven te desbanque de la silla. La mediocridad y el acomodamiento de un profesional hace que acontezcan estos miedos atroces de los veteranos a ser despedidos, ya que, en honor a la verdad, en igualdad de condiciones controlando al 100% un novel y un veterano las herramientas y técnicas asociadas a su trabajo, el uno, siempre tendrá la ventaja que no tiene el otro por varios motivos: el primero, el hambre de triunfar que tiene el joven y el segundo relacionado con el sueldo. Al novato a priori, siempre le pondrán un salario más bajo que a un experimentado y claro, en esta profesión llamada periodismo, los jóvenes priorizamos más en el hecho de lograr ejercer de aquello para lo que hemos estudiado que en el sueldo en sí, ya que consideramos que ese emolumento será incrementado junto a la experiencia que vayamos adquiriendo en los medios con el transcurso del tiempo.

Y el tercer y último factor varía dependiendo de la calidad humana del compañero

Hay colegas que pueden mirar al periodista novel como un ejemplo de lo que fueron antaño. Otros, sin embargo, aprovecharán su supremacía para ser totalitarios como ocurrió con ellos, en su momento. ¿La calidad humana se nace con ella o se hace con las experiencias? Es una pregunta que su respuesta dependerá de cada historia que tengamos enfrente. Las mejores vivencias que he podido tener en mi periodo de prácticas iban asociadas a los asuntos extraprofesionales. De hecho, con uno de los compañeros veteranos que tuve, la relación era cordial tirando a buena cuando estábamos fuera de la radio pero que, sin embargo, cuando nos metíamos dentro del estudio, su actitud cambiaba a tirano. Eso sí, sus acciones me sirvieron para saber la clase de personas que me podía encontrar en este mundo en el que ejercer no es fácil y en el que triunfar, tampoco. Las zancadillas, las acabé recibiendo desde todos los puntos cardinales.

Para mí, el concepto de buen compañero sería el definir al sujeto como alguien justo, humano y comprensivo, este tercer adjetivo muy determinante ya que los nuevos no tenemos las capacidades sobresalientes que tienen ellos y por ese motivo, deben comprender el hándicap de ser novato. Alguien que cuente con veinte años de carrera periodística (con mayor o menor éxito) no puede exigir a uno que lleve cuatro días a que tenga sus mismos conocimientos puesto que, aun suponiendo que en alguna cosa concreta podamos sobresalir, en todo no lo haremos, porque no somos máquinas sino seres humanos con ganas y motivación de aprender.

La conclusión final que saco a este capítulo II denominado El compañerismo es la siguiente: Cuando eres novel, hay que ir con pies de plomo y no pensar que todo aquél con el que nos crucemos en el trabajo nos va a ofrecer la mano y con más motivo cuando hablamos de una profesión como esta, en la que destacar es indispensable para poder vivir de lo que amas.

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