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Dado que en este caso del que hoy nos ocupamos tiene un proceso judicial abierto, no vamos a dar datos ni del ayuntamiento ni de la mujer afectada por este despido para no perjudicar a la denunciante.

Imaginen la situación de esta mujer. Su marido tiene problemas de salud y una incapacidad laboral, aún no reconocida por la seguridad social, por lo que el único sueldo que entra en su casa es el que ella percibe: poco más de 700 euros al mes por un trabajo de 42 horas de lunes a sábado.

Las cosas van más o menos bien hasta que el gobierno municipal, en manos del PSOE, descubre que nuestra denunciante es simpatizante del PP y difunde a través de sus redes sociales mensajes favorables a ese partido. Empiezan los problemas. Recibe la notificación de despido por parte de la empresa concesionaria de la limpieza municipal y, a partir de ahí, comienza el peregrinar de esta mujer por abogados buscando ayuda, comienza por el sindicato.

El abogado del sindicato, más o menos, le toma el pelo por completo y no le hacen ningún caso. Más vale estar a bien con el ayuntamiento y más si ese ayuntamiento está en manos de un partido de tu ideología. Pero no solo eso, miembros del gobierno municipal distribuyen a través de las redes sociales del pueblo mensajes insultantes y vejatorios contra ella, los “feministas” habituales solo son defensores de la mujer si encaja con su ideología, de lo contrario no solo no hay defensa, hay acusaciones, vejaciones e insultos.

Hay intercambios de mensajes a través de Whats App pidiendo explicaciones a responsables del gobierno municipal y estos se quitan de encima a la denunciante llegando incluso a decirle en algunas ocasiones que por hablar demasiado.

Esta es la España en la que vivimos. Una España en la que si te sitúas del lado del poder de la izquierda lo tendrás todo y si te opones o detectan que no eres de su cuerda, acaban con tu trabajo a pesar de que lo hayas desarrollado como una gran profesional como en este caso. Pero en el caso que nos ocupa hay algo todavía más grave: existe un acoso flagrante intentando poner en evidencia a la denunciante que es atacada a través de las redes sociales para intentar que todo el pueblo se le eche encima.

Nada tiene que ver todo esto con el siglo XXI y sí con una especie de dictadura del pensamiento único en la que quien disiente es anulado y perseguido. A continuación les mostramos pantallazos de las conversaciones que hemos mantenido con la denunciante así como capturas de pantalla de conversaciones de Whats App y de redes sociales que nos ha facilitado.