Pérez-Reverte pateando huevos juez

Llevamos unos cuántos años, concretamente desde los infaustos gobiernos de Zapatero, en los que la clase política va de mal en absolutamente peor. Los diputados de nuestro parlamento, gente a los que les pagamos un sueldo más que alto y viven con unas condiciones laborales que nada tienen que ver con las del resto de los mortales, son una gente que, en muchos de los casos, no podrían llegar en condiciones normales a ocupar un puesto de trabajo medianamente digno puesto que no pasarían ni el primer filtro de entrevistas laborales.

Pero para ser diputado no hay que pasar filtros de entrevistas ni ser mejor que nadie, para ser diputado de alguno de los vergonzosos partidos que ocupan nuestro parlamento solo hay que ser un bocazas y un maleducado y, sobre todo, hay que ser un pelota que consiga que la dirección del partido se fije en él para ser incluido en sus listas.

Pero lo peor es que son un fiel reflejo de la sociedad actual española. Una sociedad sin principios y sin ningún tipo de ética, una sociedad que ha sustituido la inteligencia por la ideología que ha mamado en la televisión. Una sociedad formada por mucha gente, demasiada, absolutamente inculta e incapaz de hacer la ‘O’ con un canuto. Una sociedad en la que hay demasiada gentuza.

Y en eso se resume lo que vimos en el Congreso y ese es el resumen que ha podido hacer Arturo Pérez-Reverte sobre el bochornoso espectáculo que se nos ofrece con cada vez más frecuencia desde el hemiciclo. Porque está lleno de gentuza, no todos, pero sí una gran parte. Y lo peor es que esta gentuza es la que decide qué hacer con nosotros, con nuestro dinero y con nuestro futuro. Lo llevamos claro…