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Es, desde cualquier punto de vista, indignante el espectáculo de negociación de Pedro Sánchez con el separatismo al que estamos asistiendo. El mismo que vende, allá por donde va, transparencia mantiene un secretismo en esas negociaciones que, para nuestra desgracia, solo es roto por el separatismo con el único fin de demostrar hasta qué punto tienen agarrado a Sánchez y al PSOE de los mismísimos.

Pero siendo eso indignante hay algo que es indignante y a la vez preocupante: la absoluta inmovilidad de la sociedad española ante un comportamiento que en cualquier país normal no se le premitiría a quien es en estos momentos el presidente del gobierno. Y no es solo porque la sociedad española esté tan acostumbrada a que le tomen el pelo que no haga absolutamente nada, es, sobre todo, porque debido a que nunca se hace nada no hacen más que tomarnos el pelo a todos.

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Y después el eterno presidente en funciones nos cuenta alguna de sus milongas hablándonos de igualdad, de sostenibilidad, de ecología o de feminismo y se queda tan ancho porque sabe que no va a encontrar más respuesta que la que se le de en las redes sociales y solo de aquellos a los que sus sicarios censores no hayan borrado del mapa inventándose peregrinos motivos.

Y la cosa está en que en estos momentos gente como Junqueras anda tan crecido por el mundo que es capaz de pedir que se le ponga en libertad e incluso con que se declara nulo su juicio, cediendo Sánchez a ese chantaje y poniendo a la abogacía del estado al servicio del separatismo. Es tan vergonzoso como indignante y tan sumamente humillante todo que ya solo nos queda ver firmar el pacto entre Sánchez y ERC portando Sánchez el ridículo lacito amarillo en la solapa en un despacho en el que, de fondo, nos coloquen la bandera estrellada. La que nos espera…

1 Comentario

  1. Todo se andará. Si ponerse el lazo le asegura el sillón. Mañana lo ven Ud. no con lazo amarillo, sino con el traje de ese color.

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