Como si se tratara de una especie de “apocalipsis zombie”, que es exactamente lo que parecen estos tsunamis en sus protestas, los separatistas procedieron a cortar la AP-7 con la vergonzosa permisividad de la Generalidad y el gobierno central. Montaron mesas y sillas, tiendas de campaña, colocaron muebles de Ikea para cortar la autopista e hicieron la vida imposible a conductores y transportistas.

Pero no contentos con eso, no les debía parecer suficiente, procedieron también a instalar un escenario para que hubiera actuaciones musicales con una impunidad y una caradura que dan verdadero asco. Y en su afán por martirizar a los conductores a los que tenían secuestrados en la autopista, no se les ocurre otra cosa que llevar a Luis Llach en un claro afán de martirizar a sus rehenes.

Y allí apareció el caradura de Llach que si ya es insoportable hablando, cuando se pone a cantar ya provoca en su auditorio unos instintos hasta suicidas. Y a todo esto los responsables de evitar que se corte toda una autopista pasando absolutamente del asunto, como si no pasara nada y como si no hubiera gente, por ejemplo los transportistas, jugándose sus empleos ante una situación tan surrealista.

Está claro que el gobierno de Pedro Sánchez no va a hacer absolutamente nada con los caprichitos de los memos estos del “tsunami democrático” y toda la banda de lerdos sin cabeza que les acompañan y les jalean. Pedro Sánchez está a merced del separatismo porque tiene una posición débil y les necesita para formar gobierno.

Eso lo saben tanto los separatistas como los delincuentes que están a sus órdenes, los del tsunami de las narices. Y esto va a seguir pasando hasta que acaben con la paciencia de algún conductor y la gente se tome la justicia por su mano. Acabará sucediendo, ya lo verán.