Pedro Sánchez vanidoso e incapaz

La verdad es que somos conscientes que somos los últimos del mundo mundial a los que Pedro Sánchez haría el más mínimo caso. A Sánchez lo único que le importa es que estemos al día con nuestros impuestos para que pueda seguir engordando su cuenta corriente y la de su ejército norcoreano de enchufados.

Pero aún así, Sánchez debería tener en su cerebro una mínima preocupación por el futuro de España aunque no haya ni capacidad de empatía en su persona, ni capacidad física en su neurona. De seguir en su empeño estamos a las puertas de la destrucción de lo que ha sido España durante cientos de años para acabar con esa histórica gran nación que siempre hemos sido y convertirla en una especie de república soviética de los 70 o en la Venezuela de este siglo.

Y aunque Sánchez sea un cortoplacista y no vea más allá de sí mismo o lo que va a ser de él en la próxima media hora, debería pensar, aunque en él sea casi utópico, en todas las personas que viven en esta gran nación y en el futuro de nuestros hijos y de nuestros nietos. Por mucha ambición de poder que tenga, hasta él mismo debe ser consciente del charco en el que se está metiendo y en el que nos está metiendo a todos. Por eso le pedimos que rompa con Podemos, que rompa con el separatismo y que rompa con los proetarras.

Ya sabemos que su gran vanidad y egocentrismo le impide hacernos el más mínimo caso. Ya sabemos que su ambición desmedida le impide pensar en nadie que no sea él, pero que por nosotros no quede. Si no le pidiéramos algo así no nos quedaríamos a gusto con nosotros mismos. Y como no nos va a hacer caso, y eso lo tenemos claro, seguiremos dándole caña todo lo que podamos y levantando todas las alfombras en las que nos encontremos cualquier cosa que pueda perjudicarle.

Hemos dicho…