celemín

Es increíble la libertad de expresión de Jesús Calvo de descalificación en su artículo sobre el cardenal Osoro. Que está en su derecho, al igual que el Cardenal tiene el derecho de decir lo que dice Calvo que dijo en su artículo “la vela bajo el celemín”. Allá la responsabilidad de cada uno.

Es cierto que los Diez Mandamientos de Dios no son Diez Recomendaciones.

Para sancionar opiniones hay que tener claros y distintos conceptos básicos de Dios que están en la creación de Dios del ser humano, como que Dios creó al hombre con libre albedrío.  Y Él respetó a los primeros padres de todo hombre a pesar de sus desobediencia y pecado de que querían ser como Dios, cómo consecuencia desde entonces así estamos en la historia de la humanidad. Y les dio otra oportunidad.

No somos quiénes para imponer al ser humano su libre albedrío. Tenemos que respetar igual que hizo Dios a los primeros padres, porque somos seres libres para el bien y para el mal, allá cada uno.

Dios y su Hijo-Jesucristo nos dice cuál es el camino para la salvación, y corresponde a la Iglesia católica, a sus ministros y a sus fieles hablar de cuáles son los valores que todo cristiano católico, y todo ser humano, deben vivir y defender, pero no a imponerlo, como vd expresa.

El pecado tiene su perdón, y tenemos deber de hasta comprender porque todos somos capaces de los mismos pecados, en este sentido entiendo que habla Osorio, y decir que lo que está bien y mal pero no a condenar, no somos quiénes, sino a perdonar, si el otro quiere pedir el perdón.

La solución está en la oración, en tener buena doctrina, ideas básicas claras de esa relación de Dios y hombre, en el buen ejemplo de los católicos con nuestras vidas, palabras y acciones. Hay que ser transigentes con las personas e intransigentes con el pecado. Y por tanto conocer la realidad pecaminosa, y no imponer. Por razón del libre albedrío.

Cristo nos dijo amar a nuestros enemigos, y eso es respetarle en su error, y pidió a su Padre: perdónales porque no saben lo que hacen. También sucedió que los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos” (Lc,15.1). ¿Por qué no nosotros?