Alaya

Trazaba mis primeras líneas sobre la Juez Alaya, allá por el mes de febrero del año 2012. Aún recuerdo lo nervioso que estaba, no por escribir sobre esta juez, sino porque siempre me han infundido mucha respetabilidad todo lo concerniente referente a la ley. Y, viendo los arrestos y el ánimo de esta señora dudaba de escribir lo que eran mis primeras líneas sobre ella, que por cierto han sido muchísimas.

Mi mirada se fijó durante unos segundos de reloj en aquella hembra que se asomaba con su maletín a ruedas una mañana del mes de diciembre en la televisión. Debo reconocer que, al primer vistazo, aquella criatura con blusa blanca, un suéter negro, unos pantalones jean y una presencia airosa me haría tomar el café con leche y las tostadas frías. No sabía quién era aquella dama, tenía un porte señorial. Su estilo nació con ella; nada más verle el embrujo de la estación de las flores se adelantó, dejaba un olor a azahar, le tele de mi salón se cubrió de pétalos de rosas ante el descubrimiento de aquel ángel en la mañana adelantada del equinocio primaveral.  Su estilo, elegancia y donaire, se articula a sus valores de justicia y libertad, es decir, una emperatriz con toga inmaculada.

Poco apoco ha ido amontonando uno de tras de otro los miles de folios de este sumario, de esta red de corrupción de pus sangrante y maloliente que la Junta de Andalucía ha ido impregnado a tirios y troyanos apareciendo nuevas crías las cuales ha seguido engrosando los sumarios, al parecer “por ahora” de 680 mil euros que pasados a pesetas y si mi calculadora tiene aún pilas son 130.000.000.000 pesetillas del ala. Una propinilla.

Esta Juez Ecijana, Doña Mercedes Alaya Rodríguez ha ido cincelando la losa del deshonor a falsos comediantes, gente sin escrúpulos, delincuentes que han ido forjando desde hace muchísimos años y que aún dicen que no sabían nada, Personajes que firmaban lo que no leían ni sabían a donde iban los euros de los parados. Y se quedan tan frescos a sabiendas que estos padrinos han dilapidado los cientos de euros, por cierto, este es el primer capítulo de este drama que aún se sigue escribiendo el segundo acto.

Las estrellas radiantes y con luz propia se les notan en cuanto las vemos, me refiero a la juez Alaya. Lo mismo tira con mano firme su carrito que escribe con mesura y con el Código Penal en las manos las incidencias diarias y relacionados con este caso. A esta Emperatriz de la Toga se le une un toque de distinción enorme, con una lealtad de sus principios a esa profesión que muchos de sus compañeros desearían tener, pero dada la cobardía de algunos jueces, le amenazaban con falsas voces y criterios enviados por los políticos de turno.

Aquella señora, la juez doña Mercedes Alaya, la Emperatriz de la Magistratura de Toga Inmaculada los andaluces debemos deleitarnos y ser honrados de reconocer a esta dama que al menos dejó bien atrincherada sus sumarios sobre esta organización fraudulenta, mezquina y que aún quedan muchos flecos de hilvanar a otros delincuentes.

Non referre beneficus gratiam, et est turpe, et apud omnes habetur (Séneca). No agradecer los beneficios recibidos no solo es una acción torpe en sí misma, sino que también así es considerada por todos. Gracias señora.