Merece mucho la pena leer la entrevista que hoy publica ‘La Razón‘ con el que identifican como “último amor de Blanca Fernández Ochoa”: Ernesto Montes.

Es más que emotivo leer lo mal que lo ha pasado Blanca durante el tiempo en el que Ernesto y ella estuvieron juntos. Parece mentira que toda una campeona olímpica lo haya pasado tan mal en los últimos años de su vida y que ningún responsable político o de la Federación de Esquí hayan hecho nada para rescatar a una mujer que se estaba hundiendo tanto económica como anímicamente.

Pero también resulta emotiva y gratificante esa entrevista por el cariño con el que Ernesto habla de la persona con la que ha llegado a convivir unos años, de una persona de la que se tuvo que separar también por los problemas económicos que acechaban a ambos. Ese es otro motivo más por el que la entrevista se lee de un tirón, porque resulta agradable leer unas palabras como las que le dedica Ernesto a Blanca.

Se lee entre líneas cómo expresa también una queja desgarrada por el olvido en el que se había arrinconado a Blanca, olvido que, muy probablemente, trajera como consecuencia todo lo que ha sucedido. En esa entrevista prácticamente no hay preguntas porque el entrevistado lo va soltando todo a borbotones como desahogándose por todo lo que ha vivido junto a ella y por todo lo que vivido y sufrido tras su muerte.

Blanca cogió un poco de queso, que le encantaba, e hizo lo que quiso hacer con libertad. Buscó un sitio donde disfrutar por última vez, su montaña, su pueblo. Se quedó mirando a los Siete Picos, a Cercedilla, y dejó de llorar. Ahora nos quedamos los demás llorando por ella“.

Nosotros también…

Enlace directo a la entrevista de La Razón