Los protagonistas de esta historia que está explotando Telecinco hasta la saciedad tienen 23 años, Adara, y 22 años, Gianmarco. Ella tiene un hijo de 8 meses y está casada, o emparejada, con un hombre de 45 años, 22 años mayor que ella.

Recuerden, 23 años, madre y casada con un hombre que tiene la edad de su madre. Entra en un concurso de televisión, y como es normal, vuelve a tener su edad real y olvida la responsabilidad que supone tener un hijo a una edad tan temprana. Ve a un chico y se enamora de él. Él dice estar enamorado de ella pero probablemente ese sentimiento durará lo que tarden en salir a la vida real y descubra las grandes responsabilidades que tiene ella fuera por ser madre.

A Gran Hermano la historia le interesa, al depredador sin escrúpulos que presenta ese programa y que se llama Jorge Javier Vázquez, la historia le interesa más. Vázquez nos vende la sobreexposición obscena que hace el programa de esa historia poniéndose dramático: sentimientos, libertad, vivir la vida. Pero no, para ellos es audiencia, es dinero y sus víctimas son dos jóvenes que están evidentemente confundidos y que no saben en realidad lo que quieren. Que han caído en una trampa a causa de su edad y de su aislamiento.

Hugo, pareja de Adara, Gianmarco y Adara

Él, Gianmarco, sale de la casa y Jorge Javier Vázquez está empeñado, le pregunta cien veces, le acosa para que diga que está enamorado de la chica. Él se asusta, se sorprende de lo que está pasando fuera. No quiere decirlo, no se atreve o, simplemente, no está enamorado. Vázquez, el grandísimo déspota, se enfada porque no dice nada y sigue con su presión hasta que él contesta con un lacónico sí.

Y el obsceno presentador vuelve a hablar de sentimientos y de emociones porque siguen haciendo caja. Pero la realidad es que, para conseguirlo, han explotado a dos jóvenes confundidos, a una joven con responsabilidades, a una pareja que tienen un hijo en común, en definitiva, a una familia. No son sentimientos, es dinero. Es un verdadero asco.