Hay cosas que resultan un tanto sorprendentes: Cuando ves algo con tus propios ojos y alguien se empeña en convencerte de lo contrario. En el debate de ayer, como en casi todo, la mayor parte de los espectadores parten con un favorito. Los hay que eligen en clave “forofa” y, sin ver la realidad, eligen a su ganador solo porque es el que mejor les cae. Después los hay más racionales, los menos -estamos en España-, que, a pesar de su favoritismo previo son capaces de reconocer las virtudes del otro, aunque no fuera en un principio sin favorito.

En un tercer grupo estarían los pelotas, ahí nos encontramos con personajes cmo Iñaki Gabilondo. Gabilondo ha vivido toda su vida muy bien del PSOE, bueno, de eso y de ser un pelota. Podemos entender que la gente vea como ganador a cualquiera de los participantes en el debate del día de ayer, pero no podemos entender que se pueda ver de ganador a Pedro Sánchez.

Desde el primer minuto quería huir de allí. No estaba cómodo, no soporta las críticas, no contestaba a las preguntas de sus adversarios y ni siquiera les miraba a la cara. No fue capaz de contarnos nada y se quería largar de allí, simplemente no quería estar. Pues para ese pelota redomado, y ya incurable, llamado Iñaki Gabilondo, ganó Sánchez porque no perdió ya que todos iban contra él.

“Hijo has suspendido todas las asignaturas. Papá, es que todos los profesores me tienen manía. Entonces voy a hablar con ellos para que te dejen en paz y así puedas aprobar”. ¿Se imaginan esa conversación? Pues eso es lo que nos ha venido a decir: Ganó Sánchez porque no perdió ya que todos estaban contra él porque son “unos malos”.

Gabilondo ya tiene una edad para sopitas y buen vino, pero parece que le va la marcha y quiere seguir ensuciando su imagen todavía más. Él sabrá.