Vicente Barrera

Vicente Barrera fue un matador de toros español, nacido en Valencia el 24 de diciembre de 1908, y muerto en su ciudad natal el 11 de diciembre de 1956. Esta es la biografía de Vicente Barrera:

Nacido en el seno de una familia acomodada, el primer obstáculo que hubo de saltar para llegar a ser torero fue la tenaz oposición de los suyos; pero su vocación y su determinación le llevaron a matar sus primeros becerros cuando sólo contaba dieciséis años de edad. Esto tuvo lugar en Torrente (Valencia), el 15 de agosto de 1924, fecha en la que se unieron su debut y su primer triunfo, lo que le condujo en volandas al coso de la capital levantina. Y así, antes de que hubiera transcurrido un mes, se presentó en la plaza de su ciudad natal el 7 de septiembre de aquel año, donde se enfrentó con dos novillos de la ganadería de la viuda de Concha y Sierra, a los que las mulillas hubieron de arrastrar desorejados. La afición valenciana, ilusionada por la irrupción de un novillero que apuntaba una marcada personalidad desde estos primeros lances de su carrera, lo adoptó como torero representante de aquellas tierras y lo enfrentó, en amistosa rivalidad regional, con su paisano Enrique Torres. Corría el año de 1926, año en que ambos novilleros tenían 18 años.

Pero Barrera pronto abandonaría esta rivalidad regional (en la que podría haber ahogado su toreo en un provincianismo tan exacerbado como estéril) para presentarse en Madrid, el 14 de mayo de 1927. Un mes después, el día 17 de junio, entabló un mano a mano con el infortunado Francisco Vega de los Reyes, “Gitanillo de Triana”, mano a mano que luego se repitió en las principales plazas españolas. Tanta fue la expectación que despertó este duelo singular entre ambos diestros, que el día de Santiago de 1927 tuvieron que torear por la mañana en San Fernando (Cádiz), por la tarde en Sevilla y por la noche en Córdoba. Si se repara en el estado de las vías de comunicación y en los transportes que existían entonces, la gesta cobra una significación mucho más expresiva que las fanfarronadas de algunas figurillas impostoras de hoy en día. Hay que destacar que, en aquella fatigosa jornada, Vicente Barrera superó con creces a “Gitanillo de Triana”, pues en las tres localidades desorejó a sus enemigos, a alguno de los cuales llegó también a cortar el rabo.

No era esta, ni mucho menos, la primera vez que lo conseguía, porque unos días antes, el 7 de julio, había cortado cuatro orejas y dos rabos en Sevilla. También en la ciudad hispalense, al cabo de diez días, habiendo dado muerte a tres novillos de Peñalver, sumó un balance de seis orejas, tres rabos y una pata. Esta triunfal temporada allanó el camino conducente a la esperada alternativa, que tomó en Valencia el 17 de septiembre de 1927 frente al toro Romano, de Concha y Sierra, apadrinado y acompañado, respectivamente, por los hermanos Juan y José Belmonte. Confirmó su doctorado el 24 de mayo de 1928, en presencia de Joaquín Rodríguez, “Cagancho”, y apadrinado por Manuel Jiménez Moreno, “Chicuelo”, quien realizó aquella tarde una de las faenas más memorables de todos los tiempos (al toro Corchaíto, de la ganadería de don Graciliano Pérez Tabernero). Barrera acabó la temporada en México, donde su toreo dominador y valiente, propio de un poderoso lidiador, dejó también un grato recuerdo.

Desde 1929 hasta la Guerra Civil, Vicente Barrera estuvo casado con el éxito, como lo prueban -entre otras muchas circunstancias- las ciento cuatro orejas que cortó durante la temporada de 1932. No dejó de torear durante la contienda fratricida, si bien el número de corridas en las que intervino es mucho menor que el que sumaron por aquellas fechas otros espadas más ventajistas y menos escrupulosos con la desgracia que afectaba a casi todos sus compatriotas. Con todo, hizo el paseíllo en la Monumental de Las Ventas en ese vergonzoso capítulo de revancha que constituyó la llamada Corrida de la Victoria, el 24 de mayo de 1939 (año en el que toreó treinta y cuatro corridas). A partir de entonces, su toreo sufrió una lenta pero progresiva decadencia, paralela al debilitamiento de la bravura, la casta y el trapío de la cabaña brava española. Después de varias tentativas, se retiró definitivamente el 3 de mayo de 1945, en la plaza de Barcelona.

Vicente Barrera, que ha pasado a la historia de la Tauromaquia por su eficacia en el manejo del estoque de descabellar, fue un torero largo de repertorio y ágil de piernas, pésimo estoqueador pero muy poderoso con la muleta en la mano. Sin embargo, su excesiva movilidad (parecida al célebre “andar a los toros” que tanto se valoró en Domingo Ortega) abonó los argumentos de muchos de sus detractores, quienes difícilmente podían tolerar tanto ajetreo en la arena después de que el genial Belmonte hubiera impuesto la quietud como una de las reglas fundamentales del toreo moderno. También le acusaron de querer ocultar la superficialidad de su toreo con los arabescos levantinos y los vaivenes mediterráneos que dibujaba alrededor del toro.

Extraído de mcnbiografías