Podríamos decir, si mintiéramos, que han sido sorprendentes las muchas reacciones que ha habido en España tras la espectacular subida de Vox en las últimas elecciones generales, pero lo cierto es que no nos sorprende. Tras esos resultados, no solo ha habido insultos al partido, a sus líderes y a sus votantes, se ha llegado incluso al extremo de enviar un mensaje a la esposa de Santiago Abascal, Lidia Bedman, en el que se deseaba que tanto ella como sus hijos fueran violados.

Pero es que, por si esto fuera poco, se ha ido todavía más allá insultando a todos los murcianos puesto que Vox ha sido el partido más votado en esa comunidad autónoma. Imaginen lo que pasará el día que Vox gane unas elecciones generales. Y todo esto tiene una explicación básica, además del histórico ansia por el poder que siempre ha tenido la izquierda, tienen miedo porque ya no saben cómo vendernos su más que inútil ideología y para conseguirlo necesitan buscar enemigos a los que atacar.

En estos momentos los enemigos de la izquierda somos los hombres blancos y heterosexuales, los empresarios y autónomos, los taurinos, los omnívoros, los amantes de la caza y la pesca, los agricultores y todos los votantes y simpatizantes de Vox, el PP también tiene lo suyo, aunque de una forma algo más moderada.

Y dirán que esto antes, cuando el PSOE era un poco más normal no sucedía. Claro, pero es que la moda en España ahora es la marcada por el globalismo: la moda de la extrema izquierda y el PSOE está más que apuntado a esa moda. No esperen que si le pasa algo a un militante de Vox o a un familiar de alguno de los líderes del partido, vaya a haber justificación alguna. Dirán que son ellos los que han provocado, de hecho ya lo ha hecho la propia ministra Montero tras la agresión sufrida por la candidata de Vox, Nerea Alzola.

El caso es que, aunque nosotros no pretendamos estar en posesión de la verdad absoluta, tampoco pretendemos imponérsela a nadie por la fuerza. No perseguimos a militantes de Podemos, PSOE o cualquier otro partido. No agredimos a nadie. Pero ellos sí, y aquí llega lo mejor de todo, aquí llega la manipulación absoluta: los fascistas somos nosotros. Ya saben lo que pasa cuando una gran mentira se repite un millón de veces, la plebe la convierte en una gran verdad.

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