jurado

Nota Previa: Nuestro colaborador don Ramiro Grau Morancho publicaba el 28 de junio de 2012 en el desaparecido Diario Liberal el artículo adjunto, que reproducimos por su interés y actualidad en nuestros días, ante los dislates cometidos por algún Jurado, en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que creo se llama Zaragoza…

La Constitución de 1978 crea en su artículo 125 la institución del Jurado, como forma de participación en la Administración de Justicia, dictándose con posterioridad la Ley correspondiente, que ha sido objeto de algunos retoques.

Sobre el Jurado hay mucha demagogia y populismo. Una buena parte de los juristas –jueces y fiscales, especialmente- que lo alaban en público, lo critican en privado o en petit comité, diciendo que no sirve más que para retrasar los asuntos, que tiene un coste económico muy elevado, que los miembros del Jurado meten la pata muy a menudo, lo que es cierto, dada su falta de conocimientos jurídicos y la complejidad de algunos de los delitos que deben enjuiciar, etc.

Confieso que no soy simpatizante del Jurado, y mi experiencia profesional como juez y fiscal sustituto, así como abogado en ejercicio, me han ratificado en dichas creencias. El abogado “actúa” ante el Jurado, pretendiendo ganárselos a su favor, no con argumentos jurídicos –dado el carácter de legos de sus miembros-, sino con populismo, demagogia y teatro, mucho teatro…

Las resoluciones de los Jurados cuando son condenatorias son normalmente más duras que las que podría aplicar un Juez en el mismo asunto, pues son reacios a contemplar las diversas circunstancias eximentes incompletas, atenuantes, etc., que un jurista conoce y aplica sin problema alguno. Posiblemente porque no las entienden, pues carecen de conocimientos jurídicos, o tal vez porque tengan miedo a que se les acuse de “blandos”, como les pasa –por otra parte- a una buena parte de las jueces y fiscales (juezas y fiscalas me parecen dos palabros…), por lo que, paradójicamente, acaban siendo más duras que los hombres.

Y a sensu contrario, absuelven de los delitos con mucha más facilidad que los jueces profesionales, pues su falta de conocimientos jurídicos les hace ser más influenciables por abogados marrulleros y teatreros, que los hay, y muchos…

Por otra parte, y si tan fácil fuera impartir justicia, o colaborar con la administración de justicia, como hacemos los abogados, fiscales –aunque muchos de ellos creen que son “la justicia” con piernas-, abogados del estado, letrados de la seguridad social, etc., ¿para qué seguir manteniendo abiertas las Facultades de Derecho, que según este planteamiento, no sirven para gran cosa…?

Si usted tiene un problema de corazón, o tienen que extirparle un tumor cerebral, Dios no lo quiera, ¿le gustaría que le operase el comité de empresa del hospital, o una comisión formada por personal subalterno, auxiliares de enfermería y enfermeros…, o preferiría al cirujano más acreditado de la ciudad…?

La conclusión es obvia, y no necesita mayores argumentos ni razonamientos, por lo menos en mi opinión.

Además de reducir el excesivo número de delitos que debe enjuiciar el Jurado, algunos de excesiva complejidad técnico jurídica, como los asesinatos, homicidios, y otros varios, nunca he entendido por que no se asignan al Jurado los siguientes asuntos:

  • Los delitos cometidos por los Jueces y Fiscales en el ejercicio de sus funciones (para evitar los corporatismos).
  • Los delitos cometidos por los Políticos y Funcionarios en el ejercicio de sus cargos (para que sean juzgados por sus conciudadanos, con sentido común, ese del que muchos jueces y fiscales andan escasos…).

Pienso que sería lo lógico, ya que quienes pagamos el sueldo a aquellas personas nombradas para administrar justicia, acusar, representarnos o servirnos, tenemos todo el derecho del mundo a juzgarles por sus actuaciones presuntamente delictivas.

Y, seguramente, seríamos bastante más duros que los Jueces.

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1 Comentario

  1. EL JURADO es un gran error, y lo estamo viendo todos los días.
    No se pude dejar “a la competencia” de los jurados -en realidad debería decir a la incompetencia-, delitos complejos, enrevesados, que exigen técnicas y conocimientos jurídicos, etc., POR LA SENCILLA RAZÓN DE QUE SON INCAPACES DE RAZONAR EN DERECHO, pues no tienen la formación correspondiente.
    Dicho sea con el debido respeto hacia los miembros de los jurados, por supuesto, que no es culpa de ellos, sino del sistema.

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