Está claro que el Rey, como Jefe del Estado que es, representa a España y a los españoles cada vez que sale de viaje al extranjero. Hacía mucho tiempo que una buena parte de los españoles no sentíamos tanta vergüenza con uno de esos viajes. El viaje que acaban de realizar los Reyes a Cuba ha sido absolutamente denigrante para nuestra nación y para los propios Reyes.

El gobierno ha organizado un viaje para que los Reyes blanquearan una dictadura tan longeva y sanguinaria como la dictadura castrista y, a pesar del extraordinario discurso del Rey ante el dictador cubano Díaz-Canel, nos queda a todos un regusto amargo puesto que este viaje ha supuesto una auténtica claudicación ante el comunismo y un desprecio vergonzoso a la oposición al régimen.

Pero el gobierno nos tenía deparada una desagradable sorpresa justo el último día de ese viaje, una auténtica encerrona para el Rey Felipe y para todos los españoles: la visita privada a Raúl Castro, el remate final.

Con esta última y desagradable sorpresa, ese viaje ya ha pasado de ser vergonzoso a completamente inadmisible, imaginamos que para el Rey habrá supuesto lo mismo puesto que se le ha situado en una posición muy incomoda. De lo hablado en esa última visita apenas ha trascendido nada pero el hecho es que se ha producido.

No puede ser que una supuesta democracia, como es España, blanquee a una dictadura como la castrista de esta forma. Es una victoria para el castrismo y una derrota absoluta para España. Y peor aún, es una auténtica provocación para uno de nuestros mayores aliados: Estados Unidos. ¿Cómo se van a fiar ahora de nosotros? Es imposible.