Lo más sorprendente de esta campaña electoral que acaba de finalizar no han sido las propuestas de los candidatos o los debates electorales. Lo más sorprende ha sido la absoluta desaparición de la campaña de la mujer de Pedro Sánchez, de Begoña Gómez. Y es mucho más sorprendente si tenemos en cuenta que a Begoña le gusta figurar tanto como le gusta a su marido. Son tal para cual, vanidosos a más no poder.

Pero el hecho es que Begoña está completamente “missing”. Y no creemos que el motivo de esa desaparición haya sido porque tenga un volumen de trabajo especialmente grande por el puesto de trabajo en el que le enchufó su marido en el Instituto de Empresa, ya que por allí no debe de pisar, aunque estamos seguros que cobrará todos los meses esa nómina de la que nadie habla.

O puede que sea porque, como hasta ahora, Pedro Sánchez nos había metido a su mujer hasta en la sopa, los asesores se han dado cuenta del hartazgo que esto ha provocado en los electores y hayan preferido mantener a Begoña “escondida”. Pero sea por un motivo o por otro, el caso es que Begoña no aparece para lucir palmito, que es lo que a ella y a su marido más les gusta en el mundo.

De todas formas, que conste en acta que a Begoña no la echamos de menos. Se ha puesto muy pesadita durante todos estos años y ha acabado hastiándonos a todos. Es más la sorpresa que nos ha causado no verla , que las ganas de verla. Sea como fuere, lo que debería hacer es trabajar un poco para ganarse el sueldo que cobra todos los meses. Parece que en el descaro en el que vive instalado la parejita, no cree necesario justificar su sueldo trabajando. Es lo que tienen los enchufes…

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