San Jorge

La semana pasada Heraldo de Aragón publicó las varias páginas publicitarias que aparecen semanalmente de la Universidad Privada SAN JORGE, de Zaragoza, informando del nombramiento de dos Doctores Honoris Causa, dos catedráticos eméritos de la Universidad de Zaragoza, de gran categoría ambos.

Nada tengo que objetar a estos honores, faltaría más, pero si me ha sorprendido mucho, y disgustado incluso, que la Universidad SAN JORGE sea tan cicatera con el profesor doctor don Santiago Molina García, catedrático jubilado de la Universidad de Zaragoza, quien donó la práctica totalidad de su biblioteca profesional a la San Jorge, para ayudar en la implantación de los estudios de Magisterio, de cuya Escuela primero, y después Facultad de Ciencias de la Educación, fue catedrático durante largos años.

Me consta también que ayudó a la implantación de los planes de estudio de Magisterio en la citada Universidad, diseño y programas de los mismos, especialidades, itinerarios educativos, etc., ya que es un experto en la materia, habiendo sido requerida su ayuda en varias universidades, tanto españolas como sudamericanas, etc.

La SAN JORGE recibió la donación con bombo y platillos, se celebró una rueda de prensa, se firmó un acuerdo entre ambas partes en el que se obligaban a poner una placa o inscripción en la biblioteca acreditativa de dicha importantísima donación, que a precios de mercado hubiera supuesto un coste altamente considerable, además de la casi imposibilidad de poder conseguir muchos de los libros atesorados durante décadas por el profesor Molina, etc., pero todo ello quedó en agua de borrajas.

Al parecer la Vicerrectora con la que se negoció el asunto ya no está en la SAN JORGE, y los actuales responsables de la Institución no se han sentido concernidos por las obligaciones contractuales contraídas, que don Santiago no quiere solicitar ni ejecutar judicialmente –pese a mi consejo en sentido contrario-, pues es un señor y un caballero… (Yo también, pero además, soy abogado, y ya se sabe que no hay abogado bueno. ¡Es broma!).

Mis padres, que en paz descansen, siempre me decían que tenía que ser agradecido, y es algo que he practicado toda la vida, pues entiendo que una persona que no es agradecida es porque le falta un hervor, es un ingrato de narices, o una mala persona.

Ya sabemos que las instituciones no tienen alma, y algunas ni principios, y que te pasan por encima como un elefante en una cacharrería, pero de ahí a despreciar, menospreciar o reírse de un eminente Catedrático de Universidad, con un prestigio y categoría nacional e internacional, va un trecho.

Perdonen que me apasione, pero tengo el honor de ser amigo de don Santiago desde hace varias décadas, amistad que se ha ido fortaleciendo en los últimos años con el trato frecuente…, y ello a pesar de las diferencias ideológicas, pues él sufrió prisión durante el franquismo por ser comunista, mientras que yo soy apolítico, es decir, de derechas de toda la vida.

Pero cuándo hay cordura, educación, se sabe respetar a los demás, razonar, etc., uno puede pensar lo que quiera, y muchas veces te das cuenta de que las opiniones contrarias son igual, o incluso mejores, que las tuyas.

Eso son, o deberían ser, las universidades, tanto públicas como privadas: lugares dónde se cultive el pensamiento, la ciencia, el diálogo, y se respete al adversario o contrario, que no enemigo.

Desgraciadamente, y al día de hoy, las universidades públicas se han convertido en “cámaras mortuorias en las que se mantienen artificialmente vivas ciertas momias ideológicas, como el marxismo, pulverizadas por la realidad…

Es estremecedor saber que contamos desde hace siglos con universidades que no investigan, que no piensan con originalidad, que apenas tienen conexión con el entorno social en el que existen, y que ni siquiera alcanzan una calidad media aceptable. Es tremendo que, como regla general, además de prestar tan pocos y tan malos servicios, exijan autonomía para no rendir cuentas a quienes sufragan sus gastos y cultiven una especie de asilamiento corporativo que las separa aún más de la sociedad” (Apuleyo Mendoza, Plinio, Fabricantes de miseria, pág. 313, ed. Plaza Janés, Barcelona, 1999).

No quiero creer, aunque lo pienso en mi fuero interno, que don Santiago, a quien la Universidad de Zaragoza no quiso hacer profesor emérito, a pesar de tener seis sexenios de investigación reconocidos, es decir casi cuarenta años de dedicación a la docencia e investigación, con carácter exclusivo, haya podido vetar su nombramiento…

En fin, termino ya, no sin antes reiterar mi felicitación a los dos nuevos Doctores Honoris Causa por la Universidad Privada SAN JORGE, de Zaragoza, Universidad a la que deseo los mayores éxitos en la búsqueda de la verdad, y la defensa de los principios y valores cristianos que conforman nuestra –decadente- civilización occidental, y a los que tenemos que volver si Europa quiere tener futuro.

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Ramiro Grau Morancho
Ramiro GRAU MORANCHO es Graduado Social (Premio Extraordinario), Licenciado en Ciencias del Trabajo y Abogado. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, Derecho Penal y Administrativo, en varias Universidades, Públicas y Privadas. Ha publicado treinta libros sobre temas jurídicos y sociales, y miles de artículos en prensa, diarios jurídicos y revistas especializadas. Tiene un blog, titulado Navegando Contracorriente, y sus libros se venden en www.graueditores.com Es Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.