Sebastián Urbina

Nuestro compañero y amigo don Sebastián Urbina Tortella ha publicado en abril pasado su libro ‘Escribir nuestro tiempo’ (editorial Sloper, Palma de Mallorca), que es digno de ser leído, o más bien estudiado, dada la profundidad de muchos de los temas tratados, como no podía ser menos en un profesor titular de Filosofía del Derecho, materia básica para la formación de los buenos juristas.

Aunque a los leguleyos, que son multitud, les basta con leer el boletín oficial del estado, aprenderse de memoria las normas de derecho positivo, y no reflexionar –nunca- sobre su licitud o no. Pues no es lo mismo lo legal que lo licito, ya que lo licito trasciende al derecho normativo, va más allá, hacia el derecho natural, materia que también se estudiaba en las facultades de derecho, al menos en mi época. En efecto, ¿es de derecho natural el aborto, el “matrimonio” de homosexuales, o trabajar más de la mitad del año para pagar impuestos, por ejemplo…?

El libro es muy denso, y hay que degustarlo en dosis pequeñas, reflexionando sobre lo que el autor expone, magistralmente. No es una novela de verano, sino que es una obra seria, donde se exponen muchas cosas que nos están pasando a los españoles, y se reflexiona sobre las mismas. Se podrá estar de acuerdo o no, pero sus opiniones son razonadas, muy meditadas, y totalmente respetuosas con todo el mundo. Exactamente lo contrario de lo que sucede con las ocurrencias que vienen de babor…

El libro contiene unas trescientas páginas y se estructura en seis bloques, abarcando un total de cincuenta y ocho artículos publicados en el último decenio. Echo en falta una nota en cada uno alusiva al medio y fecha en que se publicaron por primera vez, lo que nos permitiría situarlos en el contexto adecuado, pero, de cualquier forma, son temas permanentes –por desgracia para nosotros-, por lo que tampoco tiene mayor importancia el momento en que fueron escritos. Intuyo que una buena parte fueron publicados en el desaparecido diarioliberal.com, en el que ambos colaborábamos, aunque no lo sé con certeza.

(Siempre que alguien me invita a escribir en un medio le digo lo mismo: ándate con cuidado, que me precede una larga lista de diarios y revistas en los que escribía, ya fallecidos, y debo asumir la parte alícuota de responsabilidad en esos decesos). Añado que la responsabilidad en el caso de Diario Liberal fue solo mía, y nunca de don Sebastián Urbina, faltaría más, pues sus artículos eran de mucha más calidad e interés que los míos…

Aunque me han interesado la totalidad de los contenidos, y por simples razones de deformación profesional, mi dedicación a la docencia universitaria y al mundo jurídico, voy a extractar algunos con los que estoy totalmente de acuerdo, y que creo son temas silenciados en nuestra sociedad:

“Sucede que cuando introducimos en las leyes términos vagos (como “machismo” u otros similares) se dificulta la tarea de trasladar la norma general a las circunstancias del caso concreto. Además, el fuerte carácter emocional y valorativo del término “machismo” facilita que las soluciones sean más dispares de lo habitual. Eso se debería, presuntamente, a la existencia (real o supuesta) de jueces y fiscales “progresistas” y jueces y fiscales “conservadores”. No entraré en esta cuestión, aunque es importante.

Nadie querrá quedar atrás para no parecer un juez “carca” o “conservador”. Nadie querrá que le acusen (con razón o sin ella) de que es insensible al sufrimiento de las mujeres agredidas. En fin, politizar la justicia es un grave peligro… En fin, el juez “Robín Hood” –y añado yo, tal vez don Baltasar Garzón- es una peligrosa tara para el adecuado funcionamiento del Estado de Derecho. Cuando esto se produce, entramos en la antidemocrática “ocupación de las instituciones”, que siempre es una ocupación partidista, con sus secuelas de mayor inseguridad y arbitrariedad.

Desgraciadamente, sigue habiendo algunos juristas, jueces y fiscales que siguen creyendo en el Derecho como un “instrumento en manos de la clase dominante”. Y claro, quieren compensar y hacer “verdadera justicia”… ¿Cómo no creerse moralmente superior en estas circunstancias? Mi opinión es que no deberían introducirse estos términos tan vagos en el código penal, que van a dificultar la correcta aplicación a los casos concretos y desviándose de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres. Es algo parecido al intento de superación de la igualdad de oportunidades por la igualdad de resultados” (Machismo y política, págs. 165-166).

“La universidad española, en general, y la que yo conozco (he trabajado durante treinta años en ella) en particular, permite que cualquier estudiante esté con la boca cerrada durante todo el curso. En el supuesto de que decida ir a clase. Los resultados son muy diferentes si los estudiantes tienen la boca cerrada (durante cinco años, que es lo que dura la licenciatura en Derecho) o participan de manera informada y responsable.

Vamos mal, pero tenemos gran capacidad de autoengaño. El agujero se amplía. Sigamos con el botellón. Tomemos el sol. No subamos el nivel de exigencia, que estás mal visto. No compitamos, que es reaccionario y capitalista.

La solución es fácil. Trabajo, cooperación entre profesores y estudiantes, respeto por la autoridad del profesor, reconocimiento del mérito y del esfuerzo, incentivar a los buenos profesores y los buenos estudiantes, no permitir que el nivel de la clase lo marquen los peores estudiantes, reconocimiento social de la tarea docente e investigadora, lo que repercutirá favorablemente en la dedicación y formación permanente de los profesores. Hay que enterarse de una vez. Es de idiotas (profundos) creer que se pueden conseguir buenos profesores (bueno, bonito y barato), sin el debido reconocimiento social y el debido respeto a su labor. Y sancionando al que no cumple”. (Universidad y autoengaño, págs. 233-234).

Y termino ya, para evitar que el artículo sea excesivamente largo, con una reflexión extraída del artículo “Ordenadores, cultura y madurez”: “La pedagogía progre, tan nefasta, sufre urticaria si hay alumnos excelentes, que destacan por encima de los demás. ¡Qué horror! ¡Podrían humillar a los que no son tan buenos! Increíble pero cierto…. No sólo es injusto desconocer el mérito de los mejores estudiantes, es que en la vida real se valora el mérito. Al director de una empresa no le da igual que el trabajador sea bueno o malo. Al paciente no le da igual que el médico sea bueno o malo. Se está engañando (y perjudicando) a las jóvenes generaciones con estas idioteces. Y de paso a la sociedad entera” (pág. 237).

Termino ya. Les aconsejo que compren y lean este libro. Cuesta dieciséis euros, pero vale mucho más. Pero no lo lean como una novela o un ensayo al uso, insustancial y sin contenido. “Escribir nuestro tiempo” tiene muchos mensajes, hay que leerlo pausadamente y meditar sobre lo que el autor expone. Merece la pena. Es la verdad sobre lo que nos pasa, al menos según el prisma de don Sebastián Urbina Tortella, con el que coincido plenamente.

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Ramiro Grau Morancho
Ramiro GRAU MORANCHO es Graduado Social (Premio Extraordinario), Licenciado en Ciencias del Trabajo y Abogado. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, Derecho Penal y Administrativo, en varias Universidades, Públicas y Privadas. Ha publicado treinta libros sobre temas jurídicos y sociales, y miles de artículos en prensa, diarios jurídicos y revistas especializadas. Tiene un blog, titulado Navegando Contracorriente, y sus libros se venden en www.graueditores.com Es Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.


1 Comentario

  1. Hoy en día se publica mucha basura, debidamente promocionada por la basura televísiva, y los libros buenos, como el reseñado, que nos ayudan a pensar, a plantearnos opiniones distintas a las mayoritariamente aceptadas por la sociedad, etc., PASAN INADVERTIDOS.
    Y es una pena.

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