Irene Montero

Imaginamos que la marquesa de Galapagar debe tener a alguien que le escriba los tuits, su escolta o la nany de los niños, para que a ella no se le rompan las uñas después de hacerse la manicura. Y si es así, como imaginamos que será, debería darle un serio toque de atención por lo que escribe, vamos, como si se tratara de su propia escolta.

El caso es que la mayoría de las veces. la demagogia, el populismo barato y la mentira las carga el diablo y tal y como redacta sus propios tuits no deja en demasiado buen lugar a su pareja, padre putativo de sus hijos y “macho alfa”, Pablo Iglesias.

Porque, aunque queda muy chachi ponerse en primera persona cuando se trata de manipular hablando de pobreza o de mujeres que sufren violencia a manos de sus parejas, es un poco peligroso hacerlo puesto que da mucho que pensar. Y mucho más si tenemos en cuenta que ha sido precisamente a su churri al que se le han pillado conversaciones en las que decía querer azotar hasta que sangrara a una mujer. Decía que era una conversación privada pero no se conocen a muchas personas, o más bien casi ninguna, que hablen de esa forma, ni siquiera en privado.

Lo que da a entender con esos mensajes es que quien sufre violencia por parte de su pareja también es ella y aunque queremos suponer que no es así, no estaría de más que dejara de ejercer la demagogia de la primera persona del plural hasta el punto en el que la ejerce y tuviera un pelín de cuidado con lo que dice. No ya solo por evitarle sospechas justificadas a su pareja, también para evitar molestar a quien realmente esté sufriendo esa violencia.