Pablo Iglesias es como uno de esos animales que van cambiando de color en función al lugar o el momento en el que se encuentren. Y lo mejor para él es que lo hace sin “cortarse ni un pelo” y sin que, en general, nadie le diga nada. Hace lo que le da la gana, cuando le da la gana y nadie afea su conducta, la del mismo que decía que nunca se iba a ir de su barrio a vivir al otro lado.

En días como hoy y cuando se cumplen 30 años de la caída del muro de Berlín es bueno tirar de videoteca y recuperar al verdadero Pablo Iglesias. A ese que ahora trata de ocultar su verdadero rostro para que no se hable de su pasado. Al mismo que ha creado un partido cuya ideología fue denunciada recientemente por la Unión Europea. El mismo que antes decía que era comunista y que ahora va por el mundo que es socialdemócrata.

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Ese Pablo Iglesias que todos recordamos perfectamente y que ahora, cuando le oyes hablar, parece que nos lo hemos inventado. Ese era el verdadero Pablo Iglesias y no el que él mismo nos pretende vender ahora. Un tipo que hablaba de que el “miedo tenía que cambiar de bando” y que por eso era bueno el muro de Berlín.

Le daba, y le da igual, todas las atrocidades que ha cometido el comunismo y que se han cometido en nombre del comunismo. Este comunista de salón, de Iphone para tuitear y de mansión para que los niños crezcan en el campo no es más que un caradura mentiroso. Lo es, siempre lo ha sido y siempre lo será. Claro que, para los medios y resto de partidos este individuo no es un ultra. Qué pena de país, que pena que tengamos que aguantar a estos tipos a estas alturas de la vida.