Hay que estar muy mal y conocer muy poco de la historia, o preferir ignorarla, para que se blanquee el comunismo tanto como se está haciendo ahora en España. Y tanto se está blanqueando que los propios comunistas, en su histórica superioridad moral, se colocan a ellos mismos una medalla de demócratas que no merecen y, lo peor, encima se creen con el derecho de ponérsela o quitársela a los demás.

Y una de esas comunistas es la habitual histérica Cristina Fallarás. Esta comunista recalcitrante, no solo va presumiendo de comunismo por la vida, también es un gran negocio del que vive de televisiones y de medios de comunicación. Y parece que cuántas más barbaridades diga y más ofenda a la gente mejor le va a ella. O eso, o es que está peor de la azotea de lo que pensamos.

Tras la emisión del debate de ayer, Fallarás tenía que emitir una opinión sobre el mismo. Pero no esperen de ella una opinión sensata o coherente, sea la que sea, esperen de ella lo habitual en ella: mala educación, insultos, ofensas y la histórica miseria moral que arrastran los comunistas desde siempre. Una miseria moral que le lleva a decir incoherencias cargadas de odio y de violencia, así funciona esta chica, ya demasiada entrada en años y en maldad.

No es que no le haya gustado la intervención en el debate de Santiago Abascal, es que no le ha gustado que interviniera, así es de demócrata ella. E insultando, cagándose en todo, intenta que todos olvidemos que allí, en ese mismo debate estaba representado el comunismo de la mano de Pablo Iglesias. Ese comunismo que ha sido recientemente condenado por la UE y de la que ella no dice nada. Miserable.

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