rule of law

Recuerdo que, en la primera asignatura de derecho que cursé durante mi carrera universitaria, me hablaron de diversos conceptos, entre ellos el de la superioridad de la ley, el imperio de la ley o como dicen los británicos el rule of law.

El concepto, compartido (aunque no aplicado) por la inmensa mayoría de los países occidentales, establece que independientemente del cargo o la clase social a la que pertenezca cualquier individuo de una sociedad todos deben sujetarse a una misma ley.

El problema, es que por mucho que se enuncie ese principio en las constituciones y en las legislaciones si no hay una cultura que lo sustente será imposible que triunfe y lo que se impone de hecho, en esas sociedades carentes de una primacía de ley son los privilegios (de clase, regionales, por etnia, religión o recientemente por sexo…).

Comparaba un senador estadounidense, que más tarde se convertiría en presidente de los Estados Unidos de América, llamado Andrew Jackson siguiendo la tradición del liberalismo clásico, que sin una atmosfera moral que posibilite el desarrollo de la vida virtuosa con todo lo que ello implica (incluido el concepto de superioridad de la ley) hablar de imperio de la ley, sería como una burbuja, quizá muy grande y pomposa pero una burbuja al fin y al postre.

El caso de Cataluña, es a parte de la expresión máxima del ensimismamiento en que periódicamente de forma totalmente alocada cae España, una clara muestra de que la ley y su imperio es una burbuja más que pinchada. Es probable que lo más evidente sea la no represión y desmantelamiento total del golpe de estado catalán, pero eso no es más que el culmen de una mineralización de la impunidad, de la impunidad  de Pujol y su clan familiar, del no acatamiento y respeto a las sentencias del tribunal constitucional, la falta de libertad lingüística en las escuelas, en los comercios, la diferencia de derechos y obligaciones de todo tipo que existen según la autonomía donde nazcas y un largo etcétera que llevarán a España, una vez más, como a los países hermanos de Hispanoamérica al colapso.

Antes esto cabe preguntarse si queremos seguir con la famosa frase de “se acata, pero no se cumple” que decían los gobernadores de las Indias y lo peor con la cultura que lo permite o si por el contrario nos hacemos cargo de una vez por todas de que padecemos una cultura que con todo lo bueno que ésta pueda tener carece de un principio tan básico y fundamental como el de la primacía de la ley. Solo así, podremos garantizar, entre otras muchas cosas, la existencia de una España que merece vivir sin oligarquías catalanas o vascas que la expolien e intenten destruirla.

Multa regna, sed una lex.