Pedro Sánchez va por libre, cada vez es más evidente. Como si fuera el mismísimo ‘Rey Sol’ no escucha los consejos de los pocos que se atreven a cantarle las ‘verdades del barquero’. En un partido acostumbrado al peloterismo y a la pleitesía al líder, esas verdades solo se atreven a decírselas quienes ya no se juegan nada por haber abandonado la política y estar jubilados.

Uno de los últimos en decírselas ha sido Alfonso Guerra quien, aunque no tiene mucho de lo que presumir, es conocido por no callarse, normalmente, lo que piensa y soltarlo en cuanto le ponen un micrófono delante.

En un encuentro celebrado en las oficinas de Ashurst, además de no augurarle un buen futuro al pacto de PSOE y Podemos, ha dicho lo siguiente: “Si miran la evolución del abrazo es la metáfora de lo que pasará si ese acuerdo se convierte en gobierno. Uno tomará la iniciativa y el otro no podrá decir que no, aunque le gustaría” para posteriormente concluir diciendo que “acabará en drama“.

Criticó, también, el hecho de que Sánchez no hablará antes con PP y Ciudadanos, “llegó al acuerdo en 24 horas y sin hablar antes con ningún partido constitucionalista“.

Pero todo esto a Pedro Sánchez le da igual porque se lo pasa directamente por el arco del triunfo. Él tiene un único objetivo en la vida: mantener la poltrona y el Falcon el máximo tiempo posible y, para alcanzar ese objetivo, le da absolutamente igual lo que tenga que hacer, a quien tenga que traicionar y a quien vaya a arruinar -que es a todos los ciudadanos españoles-.

Sánchez vive por y para él. Su vanidosa personalidad le impide rectificar errores e incluso asumir responsabilidades. Lo que más necesita en esta vida es un exhaustivo estudio psiquiátrico porque es evidente que hay muchas cosas que no le funcionan bien en esa “cabecita loca”.