Hay una teoría que muchos tenemos sobre la política y sobre los líderes políticos en España, no hace falta que sean demasiado inteligentes pero tienen que ser muy ambiciosos y muy malos para ir escalando posiciones en el partido.

Y eso no debería ser ninguna novedad para nadie, tan solo hay que ver el nivel que tienen para darse cuenta que no debieron ser los primeros de la clase pero sí los más malos. Y para llegar donde han llegado solo quedaría una explicación: no tienen inconveniente alguno en pisar a los de su alrededor y, además, tienen que tener padrinos.

Un ejemplo claro de ello es Adriana Lastra. Nunca con menos se ha podido llegar más lejos y la cosa no tiene nada que ver con que tenga estudios o no los tenga, no hay más que escucharla hablar o ver cómo se desenvolvía en el debate en el que participó para darse cuenta que no da más de sí, que le falta un hervor.

Pero además es que pertenece al PSOE, a partir de ahí poco más hay que hablar. El PSOE es ese partido que intentó convertir a Rubalcaba el día que murió en todo un santo. Y no solo eso, nos hicieron tragar con ruedas de molino decretando luto nacional por su fallecimiento. Luto por el del bar Faisán o por el que se pasó la jornada de reflexión de 2004 por el arco del triunfo comportándose como un auténtico miserable después de los atentados del 11 de marzo de 2004.

Desde entonces, y desde hace mucho tiempo, los socialistas se han pasado las jornadas de reflexión por el mismo sitio por el que se pasan la mayoría de las leyes en general. Se han acostumbrado a hacer lo que les da la gana. Y eso es lo que hizo Adriana Lastra en la jornada de reflexión de ayer, pasársela por el forro de sus caprichos publicando un tuit de lo más miserable.

Uno lo lee, lo ve y ya es suficiente. Le faltan varios hervores y unos cuántos veranos. Y eso no es algo que digamos nosotros. Lo demuestra ella solita.