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En la primera parte de este artículo, publicada el 21 de septiembre, hablaba de VOX como un partido diferente. Un partido, siempre a mi entender, que se diferenciaba del resto de fuerzas políticas al encarnar el pensamiento de Victor Hugo cuando afirmaba; “Cambia tu opinión pero mantén tus principios. Cambia tus hojas, pero mantén tus raíces”.

VOX no es lo mismo; razones para el voto (I)

Este aforismo pueda ayudarnos a comprender parte de los principios –concepto poco habitual en la política de hoy en día- que subyacen en su ideario y programa político: una visión muy clara de la nación, la sociedad, y la forma en que las personas deberían poder ejercer sus libertades.

En las siguientes líneas intentaré desarrollar el modelo de sociedad y el ejercicio concreto de las libertades que considero fundamentan el programa de VOX. Huelga decir que es mi opinión y que no hablo en nombre del partido en el que milito.

Una sociedad fuerte, moldeada desde abajo y que se desarrolla mediante las interacciones de la ciudadanía:

Burke afirmaba que una sociedad sana se alimenta de relaciones de afecto y lealtad. Estas relaciones sólo pueden construirse desde abajo, mediante interacciones cara a cara entre las personas. ¿Por qué? Porque es en la familia, las asociaciones, los colegios, los lugares de trabajo, los clubs y otras instancias similares, donde las personas aprenden a interactuar como seres libres, responsabilizándose de sus actos y rindiendo cuenta de los mismos. Como afirma Luri, cada persona tiene tantos perfiles como relaciones de copertencia o interacciones realiza. No somos átomos sociales. Ni meros individuos frente al poder del Estado. Siempre somos miembros de un grupo. De algunos lo somos de hecho, querámoslo o no (como la familia), de otros por libre elección. En unos participamos directamente, en otros mediante representación. Esta es la mejor expresión de la complejidad de la sociedad actual.

De ahí la importancia de ciertas tradiciones que ayudan a vertebrar la sociedad como resultado de nuestra necesidad natural de asociarnos. Son formas de conocimiento que nos recuerdan lo que ha funcionado y lo que no. Son en suma, la respuesta a preguntas permanentes en la vida social e individual de las personas. La tradición generada es lo que podría llamarse un “conocimiento social tácito”.

Como bien afirma Scruton, una sociedad estructurada desde arriba, por el gobierno u otras instancias nacionales o supranacionales, diluye la responsabilidad individual. Se fomenta una ciudadanía irresponsable y el secuestro de la verdadera sociedad civil por un Estado omnisciente que les incapacita a actuar por sí mismos. Bajo el lema de “pan y circo”, se crean ciudadanos dóciles, los “couch potato” (individuos que ven pasar su vida sentados frente al televisor) que sedados por la droga pública, el “soma” en palabras de Huxley en su distopía “Un mundo feliz”, ven desaparecer sus libertades entre aplausos y sonrisas desvaídas.

El deseo de estas instancias de controlar nuestro comportamiento y nuestra forma de pensar, ha provocado el ataque y la infiltración en toda institución autónoma que nos permita plantarnos frente al recorte de nuestras libertades o defendernos de los excesos gubernativos. Por eso todo lo que se llama sociedad civil no lo es. Lo que se pretende es obvio; someter toda forma de vida social a los intereses del poder, fagocitar la sociedad civil, instrumentalizarla. Porque la sociedad civil crece desde abajo, a través de impulso asociativo de los seres humanos, no a golpe de subvención o interferencia del Estado.

Impulsos internos de la sociedad, como sostiene Scruton, no impulsos automáticos propiciados por ciertas instancias públicas, de las que esas interacciones sociales son meras correas de transmisión. El mismo autor afirmaba: “el deseo de controlar la sociedad en nombre de la igualdad, expresa exactamente el desprecio por la libertad humana que encontré en la Europa del Este”. La política debe limitarse a contribuir a la ampliación del espacio en el que prospere la sociedad civil, pero no ha de intervenir en él (y no se asocie este pensamiento con un ignorar las necesidades sociales, sanitarias o educativas de la ciudadanía, porque no es el caso). Porque los valores de una sociedad surgen de los proyectos cooperativos de esa sociedad. Y a su vez, esos proyectos sólo contribuyen al bien común si son generadores de valor, con mayúsculas.

Un modelo social de libertades mesurables:

Como sostiene Giddens, partidario de la tercera vía o progresismo descafeinado (sic!), “la libertad es autonomía en acción. Es la ausencia de coerción y capacidad para obrar por cuenta propia”.

Dahrendorf a su vez, sostiene que “La libertad es indivisible. O bien impera en todas las esferas de la actividad humana o bien está en peligro en todas ellas”. Nunca mejor dicho. Por eso sostengo, como veremos más adelante, que los partidos políticamente correctos no defienden nuestras libertades.

A mi juicio, la libertad de las personas es el proceso de ampliación de las libertades concretas o las oportunidades de elección que tienen los ciudadanos en su vida diaria.
¿Qué tiene de relevante esta definición? Todo. Porque el término libertad es una abstracción, como puede comprobarse en la definición de Giddens. Debe concretarse, medirse de manera objetiva. De lo contrario, nunca podremos analizar si los partidos que nos gobiernan reducen o amplían esas libertades concretas u oportunidades de elección que nos corresponde ejercitar. Las libertades concretas son fáciles de evaluar a diferencia de la libertad abstracta de la que hablan algunos a boca llena. Por eso no se nos habla de ellas. Porque nos ayudarían a verificar las incoherencias de tanto demagogo.

Para que las elecciones sean reales, ha de existir un abanico de ofertas amplio y diferenciado. De nada sirve elegir entre dos opciones iguales. Nuestras libertades se medirían así, según las posibilidades de elección efectiva de los ciudadanos partiendo de sus propios criterios y valores. Y esto mediría el progreso de las libertades en la sociedad.
Por otro lado, el proceso de elección entre las oportunidades existentes no puede venir de desde fuera; es el fruto del autodesarrollo y libre actuación de la persona. El Estado no puede suplir las decisiones fundamentales de la persona sobre su propia vida. Y bien que lo está intentando.

A tenor de lo anterior, al analizar las propuestas de VOX comprobamos cómo este partido defiende en solitario TODAS las libertades individuales: ¿Quién debe elegir los valores en los que son educados nuestros hijos? ¿Por qué no pueden los padres escoger el centro educativo como hacen los muy social demócratas finlandeses? ¿Por qué sólo los ricos pueden escoger centro educativo para sus hijos? ¿Cuál es el problema para admitir una pluralidad de líneas educativas entre las que todos podamos elegir? ¿Y la lengua vehicular de su educación? ¿Por qué no podemos escoger nuestro médico de cabecera? ¿Por qué un ayuntamiento puede intervenir una cantidad en nuestra cuenta corriente sin sentencia judicial? ¿Por qué no responden los diputados ante los ciudadanos de la circunscripción por la que son elegidos? ¿Por qué hemos de aceptar que el Estado nos imponga lenguas para rotular en tiendas o ideologías como la de género que van en contra de nuestras convicciones? ¿Qué derecho tiene a imponer valores que trasciendan el muy democrático principio de defender, sin coaccionar, nuestras ideas y valores en la esfera pública? ¿Qué derecho tienen a imponernos una versión concreta de nuestro pasado en común? ¿A decirnos qué comer, cómo vestirnos o qué fiestas populares son aceptables? Los ejemplos son inacabables.

Desgraciadamente, frente a estas preguntas, los partidos de izquierda imponen y el mal llamado centro derecha calla. Sólo VOX responde. No me crean, lean sus programas.
Es necesario que la clase política acepte y preserve los principios que permiten a los ciudadanos desarrollarse y buscar su bien particular, siempre que lo haga a través de medios lícitos. Sin paternalismos o tutelas propias de un nuevo despotismo ilustrado que sigan impidiendo que decidamos por nosotros mismos, porque “no lo haremos bien”. Es necesario que exijamos que se nos trate como adultos, responsables y conscientes de nuestros derechos y obligaciones.

En el fondo, lo que determina el nivel de libertades de una sociedad es el número de individuos que se sienten en ella relativamente autónomos, el número de sectores de actividad o ámbitos de copertenencia en el que pueden operar por propia iniciativa.
Si dejamos de defender nuestras libertades por miedo a las consecuencias, el aumento de las oportunidades corre peligro y con él nuestra libertad. Para eso está VOX. Para defender las fronteras de nuestra libertad.