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Ahora llora

Cuenta siempre la policía cómo en los años en los que ETA cometía atentados indiscriminados y realizaba grandes matanzas, cada vez que un etarra era detenido lloraba y algunos llegan al extremo de hacerse sus cosas encima.

Es lo habitual y lo más normal en esta gentuza que va de valiente por la vida y de antisistema. En cuanto se quedan solos y son detenidos no son nadie, se convierten en lo que realmente son: unos cobardes incapaces de enfrentarse en solitario, cara a cara con nadie.

Y eso, exactamente eso es lo que está pasando con los “valientes” CDR en Cataluña. No son más que unos cobardes que, además, son herederos directos de aquel separatismo que huía por las cloacas de Barcelona en los años 30, o de este separatismo que huye a Suiza a Bélgica cuando las cosas se ponen feas.

En este caso, la evidencia de su cobardía queda reflejada con la detención de este CDR que, a primera vista, parece una mujer. Policías de paisano le detienen y le esposan inmovilizándole contra la pared y, el que antes se comía el mundo, quemaba contenedores e iba a cazar a policías y a españoles por Cataluña, se acaba convirtiendo en un mar de lágrimas.

Les pide a los policías, entre llantos, que le suelten y a sus colegas les pide que vayan a ayudarle pero poco harían. Cuando la cosa se pone fea, como en este caso, la colitis crónica invade los cuerpos de todos estos “valientes” de todo a 100 y se olvidan de lo de la camaradería y el compañerismo huyendo cada uno por su lado. Ahora que pague por todos los delitos que ha cometido y se fastidie.

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