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Durante demasiados días de la semana pasada, y todavía con alguna réplica aislada y exabruptos políticos, hemos sido testigos de una serie de lamentables actos de vandalismo en diversas ciudades catalanas, especialmente en las calles de Barcelona, en las que las hordas de esa “organización” terrorista que responde a las siglas de CDR, Comités para la Defensa de la República, sobre los que nada más llegar al desgobierno de la Generalidad el nefasto Joaquín Torra, comentaba “orgulloso” y sin inmutarse que “mi mujer y mis hijos pertenecen a los CDR”. Personaje no es más que un mal remedo de la larga lista de iluminados del último siglo -no sólo, pero para no remontarnos demasiado-, encabezada por ese inventado “héroe catalán”, Luis Companys, responsable -entre otras cosas- de más de ocho mil asesinatos en Cataluña en los dos meses siguientes al 18 de Julio de 1936, comienzo de la Guerra Civil, buena parte de ellos por el “terrible pecado” de ser sacerdotes y religiosos o simplemente católicos y sobre el que José Mª Xammar y Sala, líder del Partido Nacionalista Catalán y aliado entonces del “Estado catalán” de ficción que ellos pretenden, dijo: “Me alejé de Companys con el convencimiento de que Cataluña no tenía un presidente, sino un granuja dispuesto a mantenerse en el cargo, aun a costa de la propia y ajena dignidad y, sobre todo, a costa de la dignidad de su patria”.

Pese a lo vivido en aquella desgraciada década de nuestra Historia, hoy parece que muchos olvidaron sus causas y efectos. Algunos -los malos, para entendernos- siguen empeñados en repetir las primeras y otros -los buenos- no debieron tenerlas demasiado presentes cuando quisieron restañar aquellas heridas y creyeron que los segundos (los efectos), sin duda con la mejor intención pero no conociendo bien a los de enfrente, serían tenidos en cuenta por sus “invitados” a la mesa para negociar, en “igualdad de condiciones” -craso error de valoración-, dejar atrás lo que sus padres, con sacrificio, esfuerzo y trabajo, habían conseguido y los de los otros -con alguna reliquia activa en la izquierda-, provocado con sus odios.

¿Tuvo presente esas causas y efectos el hoy Rey emérito, don Juan Carlos de Borbón, elegido a ese título como sucesor precisamente por el propio Francisco Franco -seguramente el “dictador” más blando de la Historia si recordamos a Leopoldo II de Bélgica, el turco Pasha, los rusos Lenin o Stalin, el alemán Hitler, el japonés Tojo, el chino Mao Zedong, el yugoslavo Tito, el coreano Kim Il Sung o el rumano Ceaucescu y a los más recientes y actuales como el cubano Fidel Castro, el chileno Pinochet, los venezolanos el “pajarito” Chávez y su intérprete Maduro o el sucesor coreano Kim Jonh-Un y tantos más en el continente africano-, cuando se decidió por el más mediocre con diferencia de los posibles para nombrar presidente del Gobierno a Adolfo Suárez -q.e.p.d., por supuesto-? ¿O tal vez escogió al más parecido a él -por edad y alguna cosa más- y previsiblemente facilitaba sus propósitos? ¿Era comparable en algo el citado Suárez a otros posibles candidatos, como el propio Torcuato Fernández Miranda que como Presidente del Consejo del Reino preparó la terna final de la que se “cayeron” personajes de la valía de José Mª de Areilza, Manuel Fraga o Antonio Garrigues, para quedar formada finalmente por Federico Silva Muñoz, Gregorio López Bravo y el propio Suárez -que, en un insondable secreto siempre pasó todas las cribas-, todos a mi juicio de mejor perfil y nivel intelectual que el elegido por Su Majestad, y que había sido Ministro Secretario General del Movimiento con Carlos Arias Navarro en el primer gobierno tras la muerte de Franco y no dudó en acabar con esa parcela de la Administración? Claro que todavía no había confesado su “oculta” faceta socialdemócrata -puede que su elector no la conociera, o sí, y por eso lo eligió-, que pudimos conocer muchos en boca del que fuera su Vicepresidente de Gobierno, Alfonso Osorio -q.e.p.d. también y, como algunos de sus primeros ministros, de bastante más nivel que su presidente- que, según nos relató en una de sus últimas apariciones públicas, durante su intervención en la clausura de curso del Aula Política de la Universidad CEU San Pablo hace un par de años o tres, lo llevo a dimitir del cargo.

¿Tuvo presente esas causas y efectos el citado Adolfo Suárez cuando, con “vacacionalidad” -fue un Sábado Santo, si no recuerdo mal- y precipitación innecesaria, legalizó al Partido Comunista y sentó a la mesa de negociación a Santiago Carrillo, responsable de 5.000 asesinatos en Paracuellos del Jarama? O cuando sentó a la mesa, junto al anterior y al entonces “Isidoro” González I de Suresnes, a los representantes del nacionalismo vasco y catalán, descendientes de Sabino Arana y Luis Companys, entonces disfrazados de corderos pero ya pidiendo máximos que iban quedando a la mitad, pero avanzando y dando claras muestras de que su objetivo era el mismo que cuarenta años antes, dividir España. O cuando tras el demostrado fiasco del “café para todos” de su ministro Manuel Clavero tuvo lugar ese paripé de golpe de Estado del 23-F, montado para mayor gloria de su monarca y todo se desinfló para que la deriva siguiera su curso. Es triste que el hijo de uno de los iniciadores del desastre, y sin más mérito conocido que ese -claro que en la política actual no se requiere mucho más- sea el número tres de la lista del único partido que puede ser alternativa el próximo 10 de Noviembre.

¿Tuvo presente esas causas y efectos, Felipe González, cuyo partido tuvo mucho que ver en las primeras, cuando aprovechó sus mayorías absolutas y relativas para diseñar un sistema corrupto, moral y económicamente, mediante cambios sustanciales en leyes tan fundamentales como Educación y Presupuestos e inició la desmembración del Estado con su “política de saldos” y  transferencias para todos, en esa carrera frenética por tener todos de todo, que ha llevado al desastre en que se ha convertido el ineficaz e insostenible sistema autonómico? Sin duda dejó todo bien “armado” para que se cumpliera la “profecía” de su número dos y “poli malo”, Alfonso Guerra: “Cuando nos vayamos, no va a conocer España ni la madre que la parió”, que no llegó a tanto entonces, pero lo estamos viendo en los últimos quince años los que vivimos los sesenta.

¿Tuvo presente esas causas y efectos, José Mª Aznar, cuando tras su “amarga victoria” de 1996, hablaba “catalán en la intimidad” y firmaba los Pactos del Majestic que empoderaban aún más al principal impulsor del actual separatismo catalán, Jorge Pujol -ya lo había avisado Tarradellas-para conseguir su apoyo y fue el presidente que más transferencias concedió al todavía potencial, hoy ya real, enemigo? En aquel “acuerdo”, más bien “compra de investidura”, aparte de ofrecer la cabeza de Alejo Vidal-Quadras, que molestaba al cacique, Aznar regaló Tráfico a los Mozos de Escuadra además de ampliar considerablemente, entre otras, las competencias en Empleo, Sanidad, Puertos, Justicia y Educación -política lingüística incluida y reducción al mínimo de la alta Inspección del Estado-, saltándose en varios casos la “exclusividad” que en algunas de ellas confería al Estado el Art. 149 de la Constitución y suprimió la figura de Gobernador Civil sustituyéndola por la más descafeinada y escasa de contenido de subdelegado de gobierno, que además aparejaba la creación de un nuevo puesto político absurdo, el de delegado de gobierno en cada autonomía. Pero es que después, con su merecida mayoría absoluta de 2000, siguió sin entrar de lleno en la “escuela de adoctrinamiento escolar” que se empezaba a consolidar tras las citadas transferencias en esa materia y que hemos visto que es donde se “educan” para la causa las cabezas de los que después se convierten en manifestantes “pacíficos” en uso de su “libertad de expresión”, que estos días hemos visto defendidas por algunos de nuestros políticos y ministros. ¿Pensaba don José Mª en lo mejor para España cuando no se atrevió a aplazar las elecciones del 14 Marzo de 2004, tres días después del terrible atentado de Atocha y cercanías, organizado sin duda alguna para cambiar el gobierno?

¿Tuvo presente esas causas y efectos, y los intereses generales de España, el hasta hace poco más de un año peor presidente de nuestra reciente Historia, José Luis Rodríguez, cuando en la precampaña de las citadas elecciones de 2004, brindaba desde Zaragoza al entonces presidente de la Generalidad Catalana, Pascual Maragall: “Pascual, aprobaremos en Madrid lo que venga aprobado de Cataluña”? O cuando, después de cargarse la LOCE de Aznar, el Plan Hidrológico Nacional y sacar las tropas de Irak nada más llegar “desde Atocha”, abría la caja de los truenos con su sectaria Ley de Memoria Histórica que despertaba las dos Españas del “Españolito” de Antonio Machado y las no menos de Igualdad y Violencia de Género. Eso, sin entrar en su nefasta gestión económica que dejó España en la peor crisis económica y con la mayor tasa de desempleo de los últimos ochenta años -“No son parados, sino que son personas que se han apuntado al paro”, dijo el “premio Nobel”-. Eso sí, fue muy “creativo” con frases como “Necesitamos que nuestros hijos reciban una buena educación para la ciudadanía para que vean el mundo en colores”, es decir, “quitar conciencias” y que piensen poco, no sea que incordien, o “La Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento” y tuvo una particular “visión” de la Economía “en dos tardes”, situando a España “en la Champions League” y asegurando que “el Euribor, el precio que marca las hipotecas, lo marca el Banco Central Europeo”. Ya he escrito mucho sobre este personaje, del que no entiendo cómo, por sus hechos como presidente y sus posteriores andanzas como asesor de dictaduras comunistas, no está siendo objeto de la aplicación del Art. 102.2 de la citada C. E. La visión de Estado de esta “acémila política” queda reflejada en la respuesta que le da a Pedro J. Ramírez en Abril de 2016 a la pregunta “¿Se sentirá responsable si dentro de 10 años Cataluña inicia un proceso de ruptura con el Estado?, a la que responde: “Dentro de 10 años España será más fuerte. Cataluña estará más integrada y usted y yo lo viviremos”. Pero las irresponsabilidades de nuestros políticos quedan en el olvido.

¿Tuvo presente esas causas y efectos o previó, el “previsible” Marino Rajoy las consecuencias de no tenerlos, cuando antepuso su “diálogo sin fecha de caducidad” a cualquier acción enérgica -como requería la situación- ante el desafío consumado de Arturo Mas aquel 9 de Noviembre de 2014 con su “merendéndum” abierto durante dos semanas, para que votara el que quisiera y las veces que deseara y cuyo único objetivo era subvertir el orden constitucional y consumar la ruptura de España? No lo consiguió entonces tras sus elecciones anticipadas otra vez, en septiembre de 2015, pero dejó el camino abierto y la senda marcada de un gobierno débil, para que su sucesor, el fugitivo Carlos Puigdemont, volviera a intentarlo de la misma manera, desafiando al Estado, y dando un paso más tres años después con la declaración efímera de la constitución de la República Catalana más breve de la Historia.

Desde luego no las tuvo presentes, ni causas ni efectos, porque su ignorancia sólo es comparable con su cara dura y no sabe -tampoco- nada de Historia, el doctor Plagio cum Fraude, Pedro Sánchez, indigno clon del vallisoletano leonés -hasta para eso fue falso-, que en la que pasará a la historia como “la moción de censura a un bolso”, llegó apoyado, precisamente por los mismos que provocaron el Alzamiento Nacional en 1936, un frente popular ante el que, como dijo el que fuera Presidente de la II República, Manuel Azaña, no hubo un golpe de Estado porque “Franco no se levantó contra la República, sino contra la chusma que se había quedado con ella”.

Excluyo de este relato, de -en mi opinión- inexplicable insensatez de unos e ignorancia de otros, a Leopoldo Calvo Sotelo, que sólo estuvo año y medio en la Presidencia de un gobierno decadente que heredó de un “partido” roto tras el “intento de golpe” ya citado del 23-F, “abortado” -si es que llegó a ser concebido, condición previa para el aborto- y que sólo sirvió para que alguien saliera reforzado a costa de unos supuestos responsables que sí perdieron su libertad porque sabían que era necesario un giro de timón ante la que ya se intuía pervertida democracia. Perversión que, en su devenir, no ha hecho más que confirmar el conocido refrán “De aquellos polvos vinieron estos lodos”, porque los cuarenta años de despropósitos no podían dar otro resultado que lo que estamos viendo en estos días, un bipartidismo que hizo aguas, unos nuevos partidos que venían a regenerar y que sólo “regeneraron” sus bolsillos y los egos de sus líderes, un Estado cuestionado que se pliega de nuevo ante una región históricamente rebelde -pese a haber sido la más mimada- que está creando un  precedente para que otras sigan ese camino, una parálisis institucional, el desprestigio internacional, etc.

Termino recordando, a quien corresponda, el Art. 8 de nuestra Constitución, que no es la primera vez que lo traigo a cuento en los últimos años: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.” Y el 104: “Las FF y CC de seguridad, bajo la dependencia del Gobierno, tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana, justo lo que este gobierno ha limitado la última semana en Cataluña a Guardia Civil y Policía Nacional. Podría recordar algunos más, pero ya me alargué demasiado.

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Antonio de la Torre
Licenciado en Ciencias Geológicas. Miembro del Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU San Pablo. Modesto tertuliano y articulista de opinión. Se puede decir todo desde el respeto a los demás.


1 Comentario

  1. El articulista hace narración a la historia política posterior a la muerte de Franco. Como siempre, lo hace de una forma real y verídica, pues nada exagera en la descripción de los hechos para aquellos que aún tenemos memoria y edad para recordar. Critica a diestra y siniestra, pues hemos llegado a lo que hoy es España, debido al pasteleo de la derecha y egoísmo y lucha por el voto de la izquierda, que aún hoy, despues de 44 años, su arma predilecta sigue siendo la figura de Franco.
    No cabe duda, como señala el autor, y yo llevo repitiendo en las redes sociales, el mayor pecado de los distintos gobiernos de España, fue darles competencias en interior y educación a regiones que se sabía históricamente desleales a la unidad de España. Hoy ya es imposible revertir la situación.

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