Las máquinas tragaperras llevan décadas inmersas en la cultura española, concretamente desde la aprobación del reglamento provisional de máquinas recreativas y de azar en abril de 1979. En esta orden ministerial se especificaron tres categorías de productos: la categoría A (máquinas de video, bolas, tiros y similares); la categoría B (proporcionaban premios de un máximo de cien pesetas) y la categoría C (las clásicas máquinas de azar). En esa época, el monopolio de las máquinas de azar estaba en manos de la Empresa Nacional de Óptica (ENOSA) y la Empresa Nacional de Turismo (Entursa), ambas pertenecientes al Instituto Nacional de Industria. Las tragaperras convencionales de palanca, tan extendidas en Estados Unidos durante aquellos años, eran las más populares en el territorio nacional.

En 1980, los casinos españoles tenían entre 800 y 1.000 máquinas tragaperras de palanca, aunque el objetivo era instalar un total de 3.000 en los establecimientos de juego repartidos por la geografía española. Unas slots que eran principalmente de procedencia norteamericana o inglesa. El éxito fue tal que, en 1981 (año en el que se aprueba una reglamentación definitiva), esta modalidad de juego adelantó en número de pesetas a los casinos y a las quinielas, y sólo fue superada por el bingo y la lotería. Desde entonces, las máquinas tragaperras se convirtieron en un juego de bar, un juego improvisado para todas aquellas personas que jugaban con el dinero que les sobraba del café o la cerveza. Un crecimiento para el que no estaba preparado el Gobierno, ya que los controladores del mercado de las tragaperras defraudaron a la Hacienda Pública cerca de 2.400 millones de pesetas (unos 14.424.290 euros).

A partir de agosto de 1981 se produce el boom del negocio de las máquinas tragaperras, ya que estaban presenten en los 200.000 bares que había abiertos en España en esa época. Además, las empresas fabricantes de esta modalidad se convirtieron en una de las primeras fuentes de ingresos del país, situándose también en los primeros puestos de fabricación a nivel internacional. Sin embargo, la falta de control de las slots originó el real decreto-ley y el decreto del Ministerio del Interior, que aparecieron en mayo de 1982 en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Con estas nuevas medidas, el Gobierno elevó de 6.000 a 40.000 pesetas el coste de las cuotas fiscales anuales de las máquinas recreativas con premio, además de limitar su presencia a los casinos, barcos autorizados, salones recreativos y salas de bingo.

Impuestos en las máquinas tragaperras

Como podemos comprobar hoy en día, las máquinas tragaperras han sobrevivido al paso del tiempo y a las distintas medidas del Gobierno. Sin embargo, el camino no ha sido fácil. Las medidas promulgadas por la Administración en 1982 estuvieron a punto de ocasionar el cierre de unas 250 empresas dedicadas a la fabricación de slots. Las empresas del sector del juego viven actualmente una situación similar, aunque menos dramática, debido a la sentencia del Tribunal Supremo, que obliga a estas empresas a pagar el IVA por las máquinas tragaperras instaladas en los bares españoles. De esta forma, el órgano constitucional ha decidido unificar criterios en torno a este asunto y establece, aplicando la Directiva Europea del IVA, que la relación existente entre los bares y las empresas propietarias de las slots es una prestación de servicios sujeta al pago de esta carga fiscal.

Esta sentencia del Tribunal Supremo supone un nuevo golpe a las empresas del sector del juego, que cuentan con un total de 183.409 máquinas tragaperras en los establecimientos hosteleros españoles, como recogen los datos de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ). Una modalidad que ha sufrido una importante caída en sus ingresos durante la última década. Los datos del Consejo Empresarial del juego (Cejuego) señalan que la facturación de las slots se ha reducido un 35% desde el año 2008, cuando los ingresos alcanzaron los 4.400 millones de euros. Hoy en día, esa cifra ha disminuido a cerca de 2.880 millones. Una caída de los ingresos que ha repercutido en el número de máquinas B, ya que desde el año 2007, España cuenta con un total de 60.000 máquinas tragaperras menos.

Las máquinas tragaperras cambian de ciclo

Las máquinas tragaperras han perdido presencia en los bares y restaurantes españoles. Este descenso se debe principalmente al cambio de ciclo que está experimentado el sector del juego en los últimos años. El juego online está viviendo un crecimiento imparable, situándose como una de las formas de entretenimiento más demandadas por los jugadores. Sin ir más lejos, el sector del juego movió más de 4.620 millones de euros, en términos de cantidades jugadas, entre abril y junio de este año, según los datos del ‘segundo informe trimestral’ sobre la evolución del mercado de juego ‘online’ elaborado por la DGOJ.

A pesar de ser uno de los juegos de azar más antiguos, las máquinas tragaperras son la modalidad más popular de los casinos online. Unas plataformas de juego digitales donde viven una segunda juventud de la mano de las nuevas generaciones, aunque las slots online, que cuentan con un software conocido como RNG (Random Number Generator), también han cautivado a los jugadores más experimentados. Hoy en día, cualquier jugador puede disfrutar de esta forma de entretenimiento desde la comodidad del hogar, sin la necesidad de tener que desplazarse a un establecimiento de juego presencial. Todo ello gracias a la implantación de las nuevas tecnologías en los hogares españoles.

Los jugadores pueden encontrar una amplia variedad de slots online. Cada máquina tragaperras cuenta con sus propias características, ya que ofrecen diferentes funciones y rondas de bonificación. Además, los usuarios también pueden aprovechar los bonos y promociones de los operadores de juego para disfrutar de una experiencia de juego única sin la necesidad de arriesgar dinero. Aunque también existe la posibilidad de jugar de forma gratuita para que los principiantes se familiaricen con la dinámica de las plataformas de juego. Todos estos elementos hacen que las máquinas tragaperras no pasen de moda en España como forma de entretenimiento.