Juez Marchena paciencia pesados separatistas
El juez Manuel Marchena
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No esperábamos eso de él

Los españoles somos un pueblo que, últimamente, va de decepción en decepción. Pero las decepciones no van hacia todos, casi siempre los que nos llevamos las decepciones somos los que tenemos una forma de pensar determinada, una ideología determinada, creemos en la unidad de España y en que la Ley se cumpla y se aplique de la misma forma a todo el mundo.

Durante el proceso del juicio contra los golpistas del 1 de octubre en Cataluña, todos convertimos al juez que presidía el tribunal, al juez Marchena, en una especie de héroe. La forma en la que fue llevando todo el juicio, las respuestas que iba dando a todos los representantes del separatismo que iban a declarar, todo en general, nos gustaba. Les ponía en su sitio y él se ponía en el suyo, algo que debería ser lo normal pero algo a lo que en España no estamos acostumbrados en los últimos tiempos cuando andan los separatistas de por medio.

Y debido a todo eso esperábamos que su postura firme e inalterable lo fuera también cuando llegara el momento de dictar sentencia. Sabíamos que iba a sufrir presiones políticas para que la sentencia fuera suave pero la imagen que nos dio durante el juicio consiguió que albergáramos esperanzas porque nos dejó una imagen de hombre recto y juzto que no sucumbiría ante presiones por muy grandes que fueran.

Pero tras leer la sentencia nos hemos dado cuenta que, una vez más, estábamos equivocados. Nos hemos dado cuenta que, como pasa habitualmente, nos hemos encontrado con que también ha sucumbido a las presiones y ha dictado la sentencia que convenía a los intereses políticos del gobierno que preside Sánchez. Con Marchena nos hemos encontrado con la gran sorpresa de que todo ha sido mucho ruído y pocas nueces.

Parece que en esta España prima más el interés personal que el colectivo y que todo el mundo sucumbe las presiones políticas por interés personal o por el que sea. Una pena, una verdadera pena ir de decepción en decepción.