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El Día de la Fiesta Nacional es el día en el que salen todos los tontos a pastar

Si se dan cuenta, vivimos en un país en el que hace pocos, muy pocos años, un gobierno municipal, el dirigido por Carmena en Madrid, decidió que por una calle, la calle Preciados de la capital, solo se podía circular en una dirección en unas fechas determinadas bajo la amenaza de que, quien lo hiciera como quisiera sería multado.

Y un hecho como ese, al que la gente en general ha dado muy poca importancia, demuestra hasta qué punto se ha convertido España en un país completamente ovejuno y de tontos. Lejos de protestar ante el ayuntamiento o de que los comerciantes de esa calle pusieran el grito en el cielo, la gente circuló por esa calle como si fueran borregos o tontos  y haciendo exactamente lo que se les ordenaba porque en la España actual se tiene más miedo que vergüenza.

Y lejos de protestar o negarse directamente a ir por esa calle, la afluencia era la misma y no solo eso, ahí también aparecieron los tontos justificando una aberración como esa. Estamos rodeados de tontos sin remedio. El tonto del patinete eléctrico que, en lugar de ir andando, lo utiliza incluso para ir a pagar dinero a un gimnasio para hacer deporte. El tonto de las barras del supermercado, que tiene que hundir sus dedos en 200 barras antes de seleccionar la “barra perfecta”. O el tonto que se ríe del famoso que sale en la lista de morosos de Hacienda, sin darse cuenta de que con el paso de los años se irá bajando el importe de la deuda para aparecer en ese listado y el próximo en salir puede que sea él.

Pero habiendo tontos todos los días, hay un día en concreto en el que se les nota más y parece que estamos absolutamente rodeados: el día 12 de octubre, el día de la Fiesta Nacional. Ese día los tontos se desmelenan. En ese día los tontos aparecen como setas en otoño a decir sandeces sin darse cuenta que cuando insultan o critican esas celebraciones se están criticando a ellos mismos e incluso a sus propias familias. Y además todos ellos utilizan el famoso lema, ese de “nada que celebrar”. Pero pregúntenles directamente, en realidad para ellos no hay nada que celebrar porque no saben lo que se celebra y, por lo tanto, tampoco saben porque no hay que celebrar lo que se celebra.


Y como son tan sumamente tontos se alegran de que un paracaidista sufra un accidente que esté a punto de costarle la vida, solo porque el paracaidista forma parte de esa celebración. Y entonces los más vagos, los que no saben ni hacer la O con un canuto, los que no han “puesto un huevo” en la vida y los que son capaces de cometer errores hasta sin hacer nada, se ríen de una persona que los comete haciendo algo.

Y como en el país de los ciegos, el tuerto es el Rey, llega el listo y se aprovecha de los tontos todo lo que puede y más. Y les saca el dinero sin que rechisten, les engaña, les toma el pelo, le votan y le vuelven a votar. Y les cuenta milongas de cambios climáticos, de feminismo o de cualquier tontería para la que el tonto haya sido inicialmente aleccionado diciéndole, además, que los que están de acuerdo con él son muy listos e independientes y los que no lo están son malísimos, lo peor.

Y pagan, vaya si pagan, y además lo hacen encantados de la vida aunque en su casa apenas puedan llegar a fin de mes porque es más importante sufrir penurias a que te puedan llamar facha. Y acabarán haciendo hasta el pino con las orejas si se lo mandan y después le dan una palmadita en la espalda porque son muy listos y no solo les gusta que se lo digan, también se lo dicen ellos mismos.

Mientras tanto todos, los tontos y los que no lo son, van a acabar hundiéndose sin remedio porque los tontos han impuesto su ley y los que no lo son tienen miedo a expresarse. Y llegará el día en el que algún tonto despertará y pensará que cómo ha sido tan tonto, pero probablemente lo hará cuando ya no haya solución. Y el que no es tan tonto pensará que por qué se ha callado y ha sido tan cobarde al no haber dicho nada.

Estoy seguro que muchos, tras leer esto, pensarán que el más tonto soy yo pero solo expreso mi opinión. Pero estén seguros de algo, expreso mi opinión porque veo el futuro de España muy negro y también estén seguros de otra cosa, a pesar de lo negro que veo nuestro futuro y lo tonto que soy, solo espero que el tiempo acabe quitándome la razón.