Pedro Sánchez tesis Senado noviembre 2018
El Gran Hermano Sánchez te vigila

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Lo sabíamos desde las pasadas elecciones generales

Lo que está pasando en la “democrática” España desde que Pedro Sánchez consiguió ser nombrado presidente del gobierno con la famosa moción de censura a Rajoy, no nos lo podíamos haber imaginado ni en la peor de nuestras pesadillas.

Al chicho, a Sánchez, no le gusta que haya voces discordantes ni que haya ningún medio que le pueda “levantar el faldón” enseñando al mundo sus vergüenzas. Y le da igual que el medio sea grande, pequeño o mediano, eso no le importa, se reúne en secreto con los responsables de las principales redes sociales de España, nombran a una periodista amiga como censora oficial en esas redes sociales y cortan de raíz cualquier atisbo de voz discordante que pueda alterar en lo más mínimo el pensamiento único que Sánchez y su partido quieren imponer.

Y nos encontramos con que en las generales del pasado mes de abril desaparecieron de las redes sociales cientos de perfiles y de páginas patrióticas contrarias a Sánchez. Desaparecían publicaciones como por arte de magia y la cosa continuó hasta que se celebraron las elecciones municipales y autonómicas de mayo.

Y ahora, en esta nueva campaña censora, que no electoral, vuelve a pasar lo mismo. Ha sido matemático, desde que el Rey decidió no proponer al Parlamento ningún candidato para presidir el gobierno y se tenía claro que iba a haber unas nuevas elecciones ha vuelto a pasar lo mismo. Estamos pasando todos los opositores a Sánchez, al PSOE y al izquierda en general por lo mismo.

Pero a eso hay que añadirle otro problema y ese es mucho más grave que la censura ejercida por Sánchez: que la gente calla y aguanta. En España lo aguantamos todo. Aguantamos que nos saqueen a impuestos sin rechistar, que nos multen hasta por respirar más de la cuenta. Que se utilice nuestro dinero para subvencionar a partidos golpistas o terroristas. Aguantamos que los políticos nos tomen el pelo de la forma más descarada. Lo aguantamos todo. Nos hemos convertido en un pueblo completamente “ovejuno” y “lanar”. En un rebaño de borregos que va por el camino que le marcan sim rechistar.

Y lo peor es que no hay visos de que la cosa cambie. Nos mean encima y pensamos que llueve.