Parece mentira

Parece mentira pero empiezan a aparecer las consecuencias lógicas en Barcelona tras las últimas semanas de disturbios protagonizados por el separatismo. Una de las acciones que más han llevado a cabo en sus violentas protestas ha sido la quema de contenedores. En Barcelona hay más de 10.000 contenedores y en estos días de protestas los separatistas han quemado un total de 1.044.

El Ayuntamiento de Barcelona ya ha avisado que de momento no se van a poner nuevos contenedores para evitar que vuelvan a ser quemados y ha reforzado las recogidas de basura, además de pedir a los vecinos que acudan a depositar las bolsas de basura al lugar más cercano donde haya un contenedor y que no bajen sus basuras a la calle hasta que no se acerque la hora de su recogida.

Pero como todos sabemos, es imposible que todo el mundo cumpla esa norma y mucha gente deposita su bolsa de basura en el suelo con la consecuencia lógica en una ciudad en la que se estima que hay unas 200.000 ratas en su alcantarillado. Debido a ello ya empiezan a verse ratas que salen de sus madrigueras a romper el plástico de las bolsas de basura para comer, según revelan varios vecinos.

Es indignante como, en lugar de imponer la Ley y evitar que los disturbios vuelvan a producirse teniendo mano dura con los manifestantes, todos se amoldan a esos disturbios, empezando por el Ayuntamiento, evitando la compra de nuevos contenedores para que no vuelvan a quemarse. Esto demuestra un desgobierno absoluto y una falta de responsabilidad en todas las autoridades más que evidente. Ayuntamiento, Generalidad y Gobierno Central no cumplen con su obligación de garantizar la seguridad y ahora empiezan a verse las consecuencias.

En una nación con una democracia normal esto sería impensable. Se habrían repuesto esos contenedores y se habría impuesto mano dura contra los delincuentes. Pero esto aquí no sucede, el delincuente campa a sus anchas y las autoridades obligan a que todos los ciudadanos se tengan que amoldar al capricho de quien delinque. De auténtica vergüenza.