mujer
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Un regalo tal como la mujer, es algo que sólo podemos atribuir a Dios y hay que aceptarlo como si Él mismo nos enviara un presente desde el cielo que pone encima del mismo: el regalo de Dios. Henry Smith (1550-1591).

Tales palabras, sin duda bellas, no deberían sorprendernos pues, su autor, veía a la mujer bajo el prisma bíblico, prisma que la considera igual en dignidad al hombre y no como algún teólogo medieval (y no el único) dijo un defecto de la naturaleza, una especie de hombrecillo defectuoso y mutilado.

A lo largo de este artículo abordaremos, al menos someramente, el gran cambio que supuso para la mujer entre otros aspectos, la llegada del cristianismo frente al paganismo.

Durante el periodo que transcurre la llamada cultura clásica, término que comprende a las civilizaciones griega y romana, encontramos que ambas civilizaciones nos legaron grandes aportes para la humanidad (el derecho romano, belleza artística, literatura, filosofía…) pero que, sin embargo, con ello, la mujer arrastró una condición negativa y degradante que el cristianismo revirtió de forma extraordinariamente positiva.

De entrada, en la antigua Roma y Grecia, la mujer era considerada como res lo que en español significa cosa, cuyo estatus era similar al de un menor de edad que debía depender de primero, un padre y luego de un marido. A esto se le sumaban, los matrimonios a muy temprana edad, los infanticidios de bebés (mayormente niñas cuyos cuerpos frecuentemente colapsaban el alcantarillado romano) la absoluta facilidad para divorciarte de una mujer (tan solo dejarla en la calle) o la desprotección de las viudas.

Un ejemplo muy relevante de esto es la carta que un cariñoso marido envía a su esposa Alis:

Sabe que estoy aún en Alejandría y no te preocupes si todos regresan y yo me quedo en Alejandría. Te ruego que cuides de nuestro hijito y tan pronto como me paguen te haré llegar el dinero. Se das a luz, consérvalo si es varón, y si es hembra, desembarázate de ella. Me has escrito que no te olvide. ¿Cómo iba a olvidarte? Te explico que no te preocupes. [La negrita es nuestra]

No menos significativo (en tanto desprecio a la dignidad humana) es como Tácito, el famoso historiador definía como práctica siniestra y perturbadora el considerar por parte de los judíos pecado el matar a un hijo no deseado (Historias 5,5). Para el historiador, al igual que para otras insignes figuras como Platón (República 5) o Aristóteles (Política 2,7) que recomendaban directamente el infanticidio para los hijos no deseados, la visión del respeto a la vida era escalofriantemente similar a la que hoy tiene Occidente.

La aparición del cristianismo

Ante ese mundo, en particular en una sociedad como la judía, es donde el mensaje de Jesús surge y cambia respecto al tratamiento habitual de la mujer.

De entrada, encontramos como en San Juan 4, 27 los discípulos se sorprenden por el trato de Cristo a las mujeres. Trato manifestado numerosas veces cuando habla con ellas en situaciones delicadas (véase San Mateo 36,7; San Lucas 7,35-50; 10;38 y sigs.; San Juan 8; 3-11) y que se desarrolla a lo largo del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo, fue quien declaró en Gálatas 3:28: No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús. La nueva fe incluía sin excepción a diferencia del paganismo o el judaísmo precedente.

Vemos además como, en el capítulo 16 de Romanos, casi la mitad de los seguidores de San Pablo, son mujeres, de las cuales, las encontramos con ministerios eclesiales, por ejemplo, en el versículo 1-2, Febe era diaconisa y en el versículo 7 destaca a Junia la cual era insigne entre los apóstoles. Mas adelante, el mismo apóstol, da instrucciones a Timoteo para que se tenga cuidado de las viudas desprotegidas hasta entonces. (1ª Tim 5,3). ¿No dejó Jesús a su madre viuda a San Juan para que la cuidase? (San Juan 19:25-27)

O también, exhorta a los maridos a querer a la mujer como quiso Cristo a la Iglesia, a dejar a los padres y unirse en matrimonio (Efesios 5:25-33).

No debería extrañar entones que en el inventario realizado a una iglesia confiscada en la ciudad norteafricana de Cirta (a causa de una persecución) se hallaron 16 túnicas de varón frente a 83 de mujer.

Las causas de fenómenos (conversas féminas) como éste, no se deben como algunos argumentaron a una escasa racionalidad de las mujeres, sino antes bien porque el cristianismo las consideraba seres humanos, iguales a los varones en dignidad, con la exigencia de una fidelidad conyugal mutua y que las protegía frente a la viudedad.

Aspectos relevantes: el cristianismo y el matrimonio

No existe una sociedad mas cercana, mas completa, mas necesaria, mas fértil, mas deleitosa, mas cómoda, mas constante y mas continua que la sociedad de un hombre y su esposa.

Frente a una cultura pagana que veía el matrimonio como algo fácilmente desechable o que incluso lo consideraba en un estado inferior al celibato, San Pablo ordena que todos los ministerios de la iglesia, salvo que en caso excepcional se sea célibe, lo ocupen varones casados (diaconado, presbiterado y obispado) como se refleja en 1ª de Timoteo capítulo 3.

Y el divorcio es condenado por el mismo Cristo que salvo excepciones como el adulterio (San Mateo 5:32) no lo permitió.

¿Acaso no parece lógico tal proceder siendo el matrimonio el estado mas excelente de vida? ¿No mandó Dios creced y multiplicaos (Gen 1:22) o el de ser una sola carne (Gen 2:24)?

¿No repugna en consecuencia ante la palabra de Dios considerar el matrimonio como algo para la clase de tropa como diría alguno?

Sin embargo, la implantación de una visión neotestamentaria (visión dicho sea de paso que se truncó en buena medida debido a la entrada de paganismo en el cristianismo: estoicismo, filosofía negativa del cuerpo y el sexo…) no sólo cambió aspectos como los ya comentados, sino que el trabajo, frente a la idea pagana de considerarlo un castigo de los dioses, se valoró como medio para la santificación. ¿No puso acaso Dios a Adán a trabajar en el huerto del Edén antes de la caída? (Gen 2:15)

Un traductor inglés del siglo XVI recogió esa concepción con la siguiente frase: en lo que se refiere a complacer a Dios, no hay diferencia entre lavar platos y predicar la palabra de Dios.

Aunque sea de forma breve, cabe destacar la lucha contra el trato degradante a los esclavos.

De manera bien relevante, San Pablo, escribe a Filemón el cual tenía un esclavo llamado Onésimo, ordenando que lo trate como un hermano amado (Filemón 16).

Los cambios que supuso el cristianismo son muchos, extraordinariamente positivos y demasiado largos de exponer en un artículo, pero en cuanto a la mujer resulta evidente el gran avance que implicó pese a lo que digan aquellos y aquellas que tienen una visión deformada del cristianismo y de la mujer.

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