Para quitarse el sombrero

En los convulsos tiempos en los que vivimos parece que la mayoría de los políticos y, lo que es peor, la mayoría de la sociedad ha perdido el norte por completo y no sabe diferenciar lo bueno de lo malo, o lo superficial de lo importante. A eso se le llama habitualmente perder el norte.

Y mucha gente ha perdido el norte en los últimos años guiándose por lo que ve en la televisión o escucha en la radio a políticos o voceros de distinto signo. Se ha llegado a un extremo tan preocupante que hay muchas personas que han perdido su capacidad de discernir y de pensar porque tienen el cerebro completamente ocupado y enfermo de ideología.

Alguien no es bueno o malo por su ideología, lo es por su comportamiento. Pero el extremo al que se está llegando en España es todavía peor, se convierte en líderes y personas a las que seguir sin dudar a gente que no tiene dos dedos de frente y que, de haberse dedicado a otra cosa que no fuera medrar en la política, no habrían sido nadie. Habrían sido unos auténticos mediocres a los que la gente no tomaría ni en serio.

Piénsenlo fríamente. ¿Alguien cree normal que personajes como Pedro Sánchez, Gabriel Rufián, Torra o Puigdemont, por ejemplo, puedan convertirse en referentes de algo? Son personajes completamente anodinos que si hubieran trabajado en una empresa privada no servirían ni para apretar la tecla correcta en un ascensor.

Y esa gente está organizando todo lo que se está organizando en España y en Cataluña. Debido a eso, el líder del PP en Cataluña ha querido dirigirse en su discurso a los más jóvenes. A los jóvenes de todas las ideologías, pero sobre todo a los jóvenes que siguen sin pestañear a personajillos como Torra y Puigdemont. El discurso de poco más de dos minutos que ha dedicado Fernández a esos jóvenes es absolutamente ejemplar.

Un discurso de los que no estamos acostumbrados a ver en un político. Un discurso poco aplaudido en el parlamento catalán, pero no por ello menos magistral. El mejor discurso que hemos escuchado a un político en los últimos años. Damos nuestra más sincera enhorabuena a Fernández por ese discurso. Impresionante.