con tilde

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A estas alturas de tantas películas vistas este verano sobre las indecisiones del ya nuevo okupa de la Moncloa —y lo que te rondaré morena del alma mía— uno, que presume de querer a España mucho, se siente mal humorado de poner la tilde en la palabra Sánchez, digo que me siento malhumorado por ver que hay que poner esa virgulilla, que por obra y gracia de los maestros de nuestra RAE, ya que la tienta cargada en esa Á, presupone un gasto inútil en su apellido. No sé si habrá nuevas elecciones o se “caga” de miedo este nombrado Sánchez con la tilde. Unos dicen que PSOE, no quiere elecciones. El tío —también con tilde— de la coleta no las quiere. Y los demás partidos, están a verlas venir.

Y, los periódicos, con la guasa que les caracteriza, por suerte no a todos, riéndose de los sufridos españoles, donde he leído que mañana por este lunes día 2, podrá por fin, a este adormecimiento del verano, donde España regresa al trabajo. La única verdad de todo este enjambre de afirmaciones en parte, los únicos que irán al trabajo son los trabajadores después de un verano, bueno para algunos y para otro menos bueno. Así es la vida. Pero que no me vengan con el propósito de meter a los políticos como trabajadores, puesto que no lo son, serían si sus sueldos estuviesen equiparados a los de cualquier hijo de vecino. Bueno me he pasado un poco, al menos un poco más para pagar el móvil por el gasto que tienen en el Congreso.

Cuando llega el mes de septiembre me reúno con amigos en una avivada tertulia entre unos buenos sorbos de cerveza o de un fino de Montilla-Moriles como buenos cordobeses. De siete compañeros, cinco no quieren elecciones, más por cabezona del tío de la tilde, donde el enojo de estos es enorme. Los otros tienen su obstáculo que les da igual. Mis compañeros y el que rubrica esta opinión está hasta los nísperos de si estas nuevas elecciones se las merecen los españolitos de a pie. Este tal Sánchez con tilde cada vez que habla sube el pan, cada vez que habla en los telediarios y estamos almorzando, nos tomamos un esomeprazol para disimular al estómago sus dolencias que se les han producido las verborreas del señor de la tilde.

El caballero con tilde en su apellido dice ahora rompiendo su silencio que no quiere nuevas elecciones, ya que hay una nueva vía que él considera importante, veamos lo que es importante esa tercera vía: un Gobierno progresista con un programa progresista. Y yo le añado para personas progresistas. El diccionario dice: “partido político, movimiento político. Que defiende la ideología del progresismo. Casi na. El señor de la tilde “Si al final el 10 de noviembre tenemos que ir a elecciones, los progresistas de este país van a apostar con mayor contundencia por el PSOE”, ha asegurado. Sánchez ha añadido que los votantes progresistas apostarán “por un programa progresista” y que van a querer, además, “cuatro años de estabilidad”. No sé los apuntes de estas palabras repetidas de progresista las escribió estando de vacaciones con sabor a bigotes de mar o estaba aturdido de tanta palabra de progreso.

Aquella revolución liberal del siglo XIX ha quedado obsoleta, añosa para estos días. Ya está bien vivir del cuento y de tanta hablar de las libertades del pueblo. Las tenemos y las honramos. El afán de los socialistas ha sido siempre apoderarse de las palabras rimbombantes, esta de progresista es una de ellas, como la de ciudadanía. En España, nuestros gobernantes ya no están por encima de la ley, creo yo. Hemos dejado de ser súbditos, donde no hay siervos, sino asalariados. El señor de la tilde, cada vez que abre la boca —gracias a Dios— pero, cuando dice algo, es para estropearnos el día. Palabras que mis amigos y el que informa las asentimos cuando dijo que nos invitaba de nuevo a un Montilla-Moriles.

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