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Es un fantasma y no tiene remedio

Es evidente. Hace ya demasiado tiempo que en el cerebro de Pedro Sánchez, la vanidad ha vencido por completo al raciocinio, a la empatía y a la cordura. Vaya donde vaya, haga lo que haga este vanidoso, lo primero que tiene aparecer es él, después él, más tarde él y siempre él.

Y lo peor es que a este le dan igual las críticas, las risas, el cachondeo e incluso el enfado de la gente. Vaya donde vaya, sea una gran tragedia o menor, ahí tiene que aparecer él en plan Tom Cruise en Top Gun o, como en este caso, en plan David Hasselholf en “Los vigilantes de la playa”. Nos imaginamos al presidente mirando al fotógrafo mientras este le indica: “ahí no, presidente. Que no le saco sus perfil bueno”. “Y ahora ponga cara de preocupación”.

Y siempre él en primer plano. Siempre el vanidoso con patas, ojos y orejas de Sánchez apareciendo cuando ya ha pasado lo gordo para ponerse las medallas que no merece y dejando en segundo plano a los que de verdad han hecho un todo el trabajo sucio y se han jugado la vida para salvar la de los demás.

Y es que en este caso hay, además, un gran agravante: es probable que en breve haya elecciones y él tiene que darse un poco el “pote” para cumplir los pronósticos del gran pelota que tiene al frente del CIS: Tezanos el enchufado.

No cambia ni hay uña más mínima posibilidad de que lo haga. Es un caso completamente perdido digno de un concienzudo estudio psiquiátrico. Un auténtico fantasma.