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Estamos viviendo con un desenfreno y con una impudicia enorme y muy difícil de calibrar, nos estamos entregando a vicios y corrupciones de todo tipo. No sé qué nos pasa, hemos llegado a lo sumo de la grosería por comedimiento, raciocinio con descaro y la moral la hemos convertido con una indecencia de tal calibre que asusta, y si apuramos un poco más, me deja decepcionado de ver como las televisiones -no me harto de repetir- que estas, nos alumbran todas las mañanas e incluso en los telediarios y día a día y en repetidas ocasiones -demasiadas diría- de macabras visiones, en donde se les dan múltiples enfoques de los sucesos del día a día. No voy a decir que estén mal estas visualizaciones, al contrario, pero dadas las dimensiones que se les da a sucesos, y a otros hechos, me dejan aturdido, que como he señalado antes, el camino señalado me obliga a comentar lo siguiente.

Hace apenas unos días, este periódico comentaba una noticia que por mucho que he ojeado los diarios, visto en los telediarios, esta primicia no se le ha dado la dimensión, hasta dónde puede llegar el ser humano en bondad y misericordia. Aquí nos gusta el morbo, el suplicio, el daño en cuanto más mejor. E incluso, las penas con su calvario y cuanto mayor es la tristeza y el incordio nos lo meten enseguida en esa caja rectangular. Vivimos con el morbo, en cuanto vemos la caridad que pasa por delante, las buenas costumbres y hacer el bien, esto no vale. Me he sobresaltado en cuanto he leído esta reseña de este periódico.

Sin embargo, noticias de Ana Julia, la mujer que asesinó al pequeño Gabriel de 8 años, llevamos una semana en la tele, visionando el juicio y las posturas, donde ella misma se ha declarado haber matado al niño. Había morbo hasta cuando se sacaba el pañuelo para sonarse o secarse las lágrimas. El contagio de ese contagio la sala judicial hasta las paredes estaba llenas. Está bien que se presuma de tener buenos fotógrafos y excelentes comentaristas hablando de este suceso. Se difunde lo malo, lo desagradable, la sociedad cada vez asume el rango de estar enferma. Así estaría comentado otros tipos de acontecimientos, lo cual sería muy largos explicar hechos parecidos, donde a bombo y platillo se han hecho repiquetear en los telediarios y programas donde voces y pequeñas peleas dialécticas tienen los tertulianos de turno.

Sin embargo, ha pasado un hecho desapercibido donde la humanidad de una niña de 5 años que cuida de su hermano, 15 meses menor, enfermo de un cáncer de esos llamados raros. Esto está pasando cuando hay aún gente que dejan recién nacidos en contenedores. Donde vemos repetidas los robos de jóvenes a personas mayores tirándolas al suelo y haciéndole fracturas para robarles. De todo esto estamos los españoles empachados de verlos. Y las mismas noticias son repetidas día tras día.

(La conmovedora historia de la niña de 5 años que cuida de su hermano, 15 meses menor, enfermo de cáncer)

La humanidad de esta niña de cinco años, se ve a esta criatura, viendo la foto, llevar a su hermano de 15 meses al cuarto de baño para vomitar ayudándole en las consecuencias que contrae toda una quimio: la ternura y los mimos de una hermana a su hermano. Siempre habrá alguien que diga que para eso es su hermano. Si es así, estamos perdidos: estas personas no tienen sentimientos donde la emoción se ha perdido de hacer el bien, cosa que ha demostrado una niña que no sabe aún calibrar lo que está bien y mal. Pero las emociones y el pensar que aún hay personas, aunque sea una niña, buena y compasiva, con una generosidad hacía su semejante, en este caso de su hermano. Y uno mira hacia atrás, ve en esta niña, que aún puede ver esperanza en el ser humano. Por contrario sino es así, apaga y vámonos.

En esta noticia, refleja El Diestro, una especie de mensaje, donde se ve la humanidad de esta niña y de sus familiares en una narración del vivir del día de estos dos hermanos. Esto me ha hecho pensar que aún hay personas que nos pueden activar los sentimientos y la humanidad que estamos perdiendo. La madre Teresa de Calcuta en uno de sus pensamientos dice: “la falta de amor es la mayor pobreza del ser humano”.