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El anillo de la indecencia me aprieta la garganta, me aterra tanta humillación que los políticos estén dejando a millones de compatriotas míos. De niños que aún no saben lo que es la desvergüenza y la degradación de unos políticos. «Mi mamá me ha hecho para cenar un bocata mágico: pan con pan y yo me imagino lo que lleva dentro». Este eslogan me lo ha enviado un amigo que trabaja en una ONG. Cuando lo recibí, enseguida se me vinieron a la cara los políticos, los de ayer y los de hoy, los de izquierdas y los de derechas, e incluso todos aquellos que, poco a poco y atraídos por las prebendas tan sustanciosas, se van adosando como si fuesen lapas en los demás partidos políticos.

En España tenemos un 25% de niños en una total pobreza, donde están mal alimentados y 500.000 niños desde que empezó la crisis en España en el 2007. El eslogan me dejó mudo y, como he dicho, con un nudo en la garganta. Los políticos son los fundadores de toda la miseria que entra en los domicilios de estas criaturas, sus padres y abuelos ven que sus hijos y nietos se acuestan y despiertan sin poder echarse bocado a la boca. Estoy harto de ver cómo me siguen engañando los políticos, los de izquierdas, de centro y los de derechas; ninguno debe tener la conciencia tranquila, si es que la tienen, ninguno quiere perder que cambie toda esta amalgama de suculentas y sabrosas raciones de euros que perciben.

Lo mismo que los descamisados, los perroflautas y los amigos de los desahucios se manifiestan, cualquier día veremos a estos niños en las puertas de las sedes de los partidos, de las mancomunidades, consorcios, diputaciones y ayuntamientos. Aquí no prima la Justicia y la defensa de los niños y sus familias; se recompensa a los bancos y a los mercados financieros. Se rebaja la calefacción en los colegios, personas de mediana edad se quedan sin trabajo…

Esto lo escribía el que manifiesta este escrito un día 31 de octubre del año 2013. No he tenido que romperme la cabeza para mejorar este escrito, creo yo. Este me he dado pie para ver que seguimos lo mismo, no ha cambiado nada.

Llevábamos días que un joven, llamaba a mi piso, puerta por puerta, pidiendo limosna. No solicitaba dinero, quería comida para sus cuatro hermanos, él era el cinco de una familia, de esas que se les llaman desestructuradas, de una familia que un padre les había abandonado. No recuerdo si fue un mes que estuvimos dándole alimentos, hasta que un día me dijo mi señora, – ¿Pepe, quieres que dejemos al niño en su casa? Me expuso esto motivada por la cantidad de los alimentos que les entregábamos cada vez que visitaba mi domicilio. Así que cogimos el coche y le llevamos a su casa. Aquella familia vivía en un barrio de las afueras. No quiero comunicar como se puede vivir en unos edificios de tales características que me abochorno descifrar. Todo cuanto nos había contado este ángel era verdad, la pura verdad. Lo mismo que los habitantes del resto de los pisos. Así estuvimos varios meses, de vez en cuando suministrándole alimentos. Se me olvidaba, de los cinco hermanos, este hermano que yo le he nombrado ángel tenía 11 años, era el mayor de los cinco hermanos.

Este largo periodo de tiempo no ha cambiado nada a pesar de las ONG que se consagran en esta escasez que, es la de alimentación de tener un sustento de llevarse a la boca. A pesar del tiempo transcurrido, estos barrios de las afueras de Córdoba siguen igual. La pobreza, el paro y a veces la delincuencia se manifiesta de estas personas de esa manera cruel. ¿Si tuvieran un trabajo, un sustento de llevarse a la boca, ¿seguirían lo mismo? posiblemente no. Estas noticias de ayer, de hoy, siguen lo mismo ¿y del mañana que serán? Alguien dijo: no me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética, lo que más me preocupa es el silencio de los buenos.