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Por segunda vez en cuatro años el pueblo español se equivocó en su decisión y hay que repetir las elecciones. Esta es la interpretación que hacen los cuatro irresponsables que dirigen nuestro país para obligarnos de nuevo a acudir a las urnas a elegir un nuevo Congreso de los Diputados que tenga la correlación de fuerzas que a ellos les venga bien para designar a un presidente de Gobierno, dado que la distribución de escaños del 28-A no les ha gustado.

La desfachatez del PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos está llegando a un nivel que empieza a hacerse acreedora a un buen escarmiento por parte de ese pueblo al que han ninguneado y al que utilizan sólo para apropiarse de su dinero y repartírselo a su conveniencia. El problema que Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias han endosado a los españoles tendría una fácil resolución atendiendo a la propia lógica de la interpretación que ellos han hecho de los resultados de abril: si no les gusta haber quedado como los cuatro partidos mayoritarios, el pueblo podría decidir que pasen a ser los cuatro minoritarios.

En cada consulta electoral y dependiendo de la población en la que se vote, se presentan en torno a 60 candidaturas de todas las ideologías, por lo que es bastante sencillo para los electores escoger cualquiera otra papeleta menos las del PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos. Asimismo, en esta coyuntura a la que nos ha conducido una clase política corrompida que adopta sus decisiones de espaldas al pueblo al que representa y en favor de su propia convivencia, todas las opciones resultan válidas: desde la abstención activa al voto en blanco o al nulo, siempre que sean expresión de una forma de protesta contra esta dirigencia política intolerable. Con el sistema de elección del Poder Ejecutivo que tenemos en España por parte del Poder Legislativo, en el que reside la soberanía popular, el hecho de tener que repetir las elecciones supone una extraordinaria irresponsabilidad de los dirigentes políticos en su obligación de dotar a la sociedad de un Gobierno, de ahí que la repetición de comicios merezca un castigo ejemplar, el cual no se dio en 2016.

La celebración de cuatro elecciones en cuatro años no debería ser asumida por la sociedad española como una desventura más propia de los avatares políticos que tan poco nos conciernen. Antes al contrario, el bloqueo político al que nos han conducido Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias es el culmen de una manifiesta irresponsabilidad que afrenta al pueblo que les ha elegido y del cobran unos extraordinarios sueldos que jamás serían capaces de conseguir fuera de la política. El hecho de que los únicos acuerdos alcanzados en el Congreso en esta fallida legislatura de cinco meses estén relacionados con aumentar los sueldos de sus señorías supone una muestra más que evidente de que el primer lugar en el orden de prioridades de nuestros dirigentes está su bienestar.

La pregunta: ¿y les vamos a seguir votando?